Hora de la verdad en el infierno

Hace ahora doce meses, los aficionados del Zaragoza comenzábamos una nueva temporada llenos de esperanzas: el equipo habría regresado a Europa, habían llegado jugadores de talla internacional –Ayala, Oliveira, Matuzalem, Luccin,…- y toda la España futbolística nos incluía en sus quinielas de favoritos; a la hora de la verdad, el curso deportivo se convirtió en una horrible pesadilla que terminó del peor modo posible.

Con el equipo en segunda división, el comienzo de la Liga se asume con el único objetivo posible: el ascenso, algo imprescindible, pues la propia supervivencia de la entidad no puede permitirse otro desenlace, a esto cabe añadir el que una ciudad como Zaragoza y un club histórico como el de La Romareda tienen en primera su sitio natural y que a la sufrida afición maña se le debe una reparación en toda la regla y para ello no son suficientes ni las palabras bonitas ni los fichajes millonarios: los zaragocistas no nos consideraremos reparados hasta que volvamos a ver al equipo en su sitio.

El año en la categoría de plata se presenta lleno de incógnitas y contrastes; muchos estamos convencidos de que la plantilla del Zaragoza es muy superior en calidad a la del resto de los equipos, pero, a la vez, seguimos escamados por una floja pretemporada, por la reiteración en antiguos defectos y por las dudas de que la plantilla aporte las dosis de compromiso, entrega y preparación física que de manera tan especial exige la división intermedia de nuestro fútbol.

Por otra parte, una meta tan complicada e irrenunciable solamente se puede lograr con unión entre todos y con una directiva capaz de conseguir el respeto y el apoyo de los aficionados; en estos momentos se intuye entre estos últimos un sentimiento generalizado de frustración y desconfianza hacia quienes rigen el club, tanto desde la presidencia como desde la secretaría técnica, y no parece que las últimas decisiones tomadas –carta de libertad de Adrián Ripa, desconcierto en algunos fichajes, rotura de relaciones con El Periódico de Aragón,…- contribuyan a aliviar dudas. Es preciso que todos hagamos el esfuerzo por reconducir la situación, pues a lo dicho cabe añadir una evidente atmósfera de desunión y casi de conflicto entre el club y la mayoría de medios de comunicación locales.

Para dirigir la nave en la misión de ascender se recurrió, sin escatimar medios, al mejor técnico posible, contratando a Marcelino García Toral, un hombre que cuenta por éxitos sus trabajos como entrenador y que constituye en estos momentos la mayor esperanza de la afición aragonesa de cara a la inminente temporada; lo que hemos visto en estos meses contribuye a alimentar esa confianza. La tardanza en cerrar la configuración definitiva de la plantilla ha terminado siendo un serio inconveniente para que el mister asturiano pueda comenzar a dar frutos desde el principio, aunque ya tiene costumbre de trabajar así y hasta ahora siempre ha demostrado capacidad de reacción.

Como se ha dicho, la elaboración de la nueva nómina de jugadores está siendo complicada; de hecho cuando escribo estas líneas aún quedan jugadores por llegar y por salir. Se han marchado futbolistas importantes –Aimar, César, Juanfran, Celades, Matuzalem, Oscar, …- que no parecía pudieran ser útiles a la empresa, a la vez que ha llegado una mezcla de jugadores con experiencia en la categoría –Braulio, Hidalgo y Pignol-, ex-primeras sin relieve pero con buena pinta –Pulido, Arizmendi y Caffa- y auténticas incógnitas que pueden salir tanto cara como cruz –Fabio Coentrao y Frank Songo’o-. Seguramente ni Diego Milito ni Sergio García acabarán siendo de la partida, y aún falta por llegar un portero e incluso algún otro jugador de campo, pero con los mimbres entregados a Marcelino éste tiene que ser capaz de elaborar un equipo triunfador. Seguro que cada zaragocista encontrará limitaciones, carencias y elementos prescindibles en la plantilla blanquilla, pero con estos nombres no hay excusa para no subir.

Es tarea de Marcelino García Toral conseguir convertir en sólida e infranqueable una defensa que el pasado año fue causa de desesperación semanal para todos, pienso que tanto Pignol como Pulido van a aportar bastante a tal misión, y habrá que confiar en que Ayala asuma el liderazgo que su currículo haría exigible y que el portero que goce de la titularidad se decida a mandar en el área y a realizar las salidas con poderío.

Me da miedo que entre los centrocampistas nadie acabe actuando como auténtico director de orquesta, habrá que confiar en que Zapater añada a su compromiso serenidad y riesgo, que Gabi vuelva a ser el que deslumbró en Getafe y aparque precipitación y atolondramiento, que Hidalgo sea capaz de cumplir como medio centro igual que lo hizo el pasado año en Málaga como media punta y que Generelo salga de su estancamiento y vuelva a ser el mismo que hace tres años deslumbró en el campo del Fenerbache y asumió el liderazgo de una notable remontada frente al Depor; soy de los que piensa que Peter Luccin debería seguir teniendo protagonismo, aunque intuyo que su salida es más que probable.

El mister zaragocista ha reclamado hasta la saciedad jugadores de banda, unos peones que han brillado por su ausencia en nuestro equipo en los últimos años; la directiva le ha traído cuatro futbolistas para ese puesto, por lo que no ya no tiene excusa y con ellos y el ataque de auténtico lujo del que dispone, la capacidad ofensiva del equipo debe de ser demoledora. Ahora bien, para no decepcionar, además de las condiciones que son evidentes en todos ellos, nuestros delanteros habrán de aportar buenas dosis de compromiso, de capacidad de sacrificio en el campo y de generosidad: con sus compañeros de línea a la hora de pasar al mejor colocado y con los demás cuando se trate de colaborar en defensa.

La afición está dolida, mucho; por más que los incansables del fútbol seamos capaces de asimilarlo todo, la herida sigue abierta; ahora es el momento de la verdad, aunque estemos deprimidos los seguidores blanquillos vamos a seguir ondeando las banderas, voceando los gritos clásicos y mostrando con orgullo el escudo del león; a los que corren en el estadio les corresponde ahora cumplir su papel y conseguir su misión: no es algo que les tengamos que agradecer, sino que nos lo deben a todos.

Por Falçao.

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