De
farol. Así han jugado el Presidente del Real Zaragoza
y el propietario del club, en una partida imaginaria con
los “tiburones” del fútbol español,
y desgraciadamente éstos no se lo han creído.
Esas
frases rimbombantes, de cara a la galería de la
afición de “el Real Zaragoza no vende”,
“sólo se llevarán un jugador
de los básicos pagando la cláusula de rescisión
íntegra”, se las ha llevado la brisilla,
que no viento, en la primera y mínima sacudida.
Gaby Milito, un jugador básico y emblema del club
se ha traspasado al FC. Barcelona por 17 millones de euros
(lo de los incentivos son pamplinas), un regalo comparado
con las espectaculares cifras que se manejan en traspasos
de jugadores mucho menos contrastados que el argentino.
No
se puede mentir a la afición como han hecho Iglesias
y Bandrés. Cuando te expresas de forma tan contundente
en el tema de las ventas, te conviertes en preso de tus
palabras y ellos se han encerrado en su cárcel,
porque durante la negociación se ha mostrado claramente
que el principal interés era vender al jugador
y sacar lo que se pudiese, por la grave situación
económica y para no mantener en la plantilla a
un jugador descontento.
Y
lo que es peor: se ha creado un precedente. Es muy posible
que al final de cada temporada aparezca uno o dos jugadores
del equipo, con contrato en vigor, y que consideren que
su ciclo se ha agotado y que se quieren ir a un “grande”,
y exigirán el mismo trato de favor que Gaby Milito.
La fuerza moral que tendrá el club para mantenerlos
será nula y el número de descontentos crecerá
sensiblemente.
Hasta
el momento la gestión de Bandrés e Iglesias
estaba siendo aceptable, pero el resbalón que han
cometido será difícil subsanarlo, no por
el hecho del traspaso en sí, que ya es un error
por su mala gestión, sino por la pérdida
de confianza en su palabra, que era un valor importante
para la afición, harta de la mediocridad de Soláns
y deseosa de encontrar unos dirigentes ambiciosos. Puede
ser un golpe muy duro y sólo se puede arreglar
el desperfecto con la confección de una plantilla
competitiva.
Estamos
expectantes, pero la duda sobre la capacidad de nuestros
dirigentes ya la tenemos y eso no es bueno.