Lo que se percibe, fuera de la irrealidad
de Víctor Fernández, es que el equipo está
sin alma, carente de un líder como Gaby Milito (una
pérdida irreparable), con sobredependencia de jugadores
que no se merecen ese trato exclusivo, con una confección
de plantilla errónea y otros motivos más que,
por desgracia, son demasiados para enumerarlos en una reseña.
Me centraré en la ¿preparación
física? del Real Zaragoza. Los jugadores se encuentran
en un estado físico deleznable (cualquier equipo
que esté organizado y corra mucho ya es superior
al nuestro) que lastra cualquier disposición táctica
lógica, porque si falta la fuerza, falta todo. El
trabajo combinado de Arjol y Víctor Fernández
sólo se puede calificar como de fracaso. No tiene
sentido comenzar flojitos la temporada, para alcanzar la
plenitud física cuando probablemente no nos juguemos
nada. Todos los equipos españoles están potentísimos,
sin plazos, ciclos físicos ni zarandajas y por lo
que parece los griegos también y partimos con una
desventaja enorme. En el fútbol moderno el físico
es vital, y la superioridad en ese aspecto conlleva el dominio
del balón y de los partidos.
Los antecedentes del binomio Fernández-Arjol
no invitan al entusiasmo, sólo en la temporada 1993-1994
el equipo terminó la temporada en forma. Esperemos
y deseemos que el rumbo coja el camino adecuado de forma
inmediata, porque, en caso contrario, el crédito
de estos dos señores se habrá agotado.