Muchas
eran las esperanzas que tenía yo depositadas en el
equipo esta temporada. Y no me refiero a ir a la Champions,
qué va... Ese es un objetivo que, a mi entender,
ningún responsable del Real Zaragoza ha planteado
para este año. Pero sí estaba convencido de
que se podía repetir la clasificación para
la UEFA y hacer un buen papel en la competición continental.
Mis argumentos eran sencillos: habíamos conservado
a la mayoría de los jugadores que habían dado
un gran rendimiento el año pasado, como Diogo, Sergio
Fernández, Juanfran, Zapater, Sergio García
e incluso Diego Milito, un delantero de 23 goles al
que se retuvo renovándolo con un grandísimo
esfuerzo económico, algo que la afición había
pedido en otras ocasiones (recordemos a Esnaider, Milosevic,
Morientes o Villa) pero que nunca antes se había
hecho. Además, se trajó un puñado de
jugadores de buen nivel y rendimiento demostrado (Oliveira,
Matuzalem, Pavón o Luccin) en plena madurez (27 o
28 años). Y por supuesto, continuaba un entrenador,
Víctor Fernández, que había cumplido
su promesa de llevarnos a la UEFA.
Es
verdad que las cosas no empezaron bien. La salida de Gaby
Milito fue un duro golpe para la afición. Es bien
cierto que el argentino exigió que le dejasen irse
a un "equipo grande", pero para cumplir su palabra,
Agapito y Bandrés debían haber retenido al
jugador (como hizo el Sevilla con Alves) si nadie ponía
el importe de la cláusula, y en lugar de ello rápidamente
se dispusieron a negociar hasta venderlo por poco más
de la mitad. Pero el golpe fue todavía más
duro para el equipo, que perdió un grandísimo
jugador y un líder en el campo y en el vestuario.
Con la marcha de Piqué, que quería continuar
su proyección en su equipo de origen, el Manchester
United, la defensa quedó gravemente mermada.
Para
sustituir a Gaby Milito, la Directiva trajo a uno de los
mejores centrales del mundo, Ayala, que por supuesto no
tiene la salida de balón de su compañero en
la selección (muy pocos la tienen), pero que venía
de dar un gran rendimiento la pasada temporada pese a sus
34 años, edad que ahora muchos esgrimen como causa
irrefutable de su irregularidad en el Real Zaragoza. Por
otra parte, Pavón parecía una buena apuesta,
un jugador de 27 años que había jugado muchos
partidos en un club de altísimo nivel. Lo cierto
es que poco se puede evaluar al madrileño, ya que
se lesionó justo cuando tenía la oportunidad
de ser útil al equipo, tras la lesión de Sergio
Fernández. Por último, Paredes, que está
dando muy buenas sensaciones, ha tardado mucho en entrar
en juego por una larga lesión. Y Juanfran y Diogo,
que tienen un papel importantísimo en este equipo,
han pegado un bajón difícil de explicar. Así
las cosas, la línea defensiva ha sido nuestro talón
de Aquiles.
El
esfuerzo reinversor de la Directiva es indiscutible, si
se suma el dinero pagado en concepto de traspasos al pago
de fichas importantes a jugadores de alto nivel. Pero ha
faltado algo. Ha habido un fallo de planificación
que todo el mundo ha visto: la falta de jugadores de banda.
Yo estoy de acuerdo en que hacían falta estos jugadores,
pero también creo que esta carencia se nota mucho
más 1) por la bajísima forma de los laterales
y 2) porque el cada vez más acabado Aimar y el egoísta
y artificioso D'Alessandro no han sido capaces de adaptarse
al juego en esa posición, como en su día hicieron
por ejemplo Savio y Cani, que tampoco eran jugadores de
banda. Yo sigo convencido de que, aun sin jugadores de banda,
esta plantilla tenía potencial para haber hecho mucho
más.
Una
de las causas del bajo rendimiento generalizado del equipo
creo que ha sido la preparación física. El
año pasado, el equipo empezó como un tiro,
y poco a poco fue perdiendo fuelle hasta llegar a final
de temporada con la lengua fuera. Arjol no ha conseguido
corregir esa línea descendente en el arranque de
temporada. Yo no soy experto en estas cosas, pero he tenido
la sensación de que cualquier equipo corría
más que nosotros, y que sólo hacía
falta achucharnos un poco para pasarnos por encima. En los
últimos partidos se ha comenzado a ver un poco de
luz. El equipo ha sido capaz de reaccionar en los minutos
finales del encuentro. Y por ejemplo Diego Milito comienza
a ser el mismo de la temporada pasada. Pero se ha tardado
prácticamente media temporada en comenzar a funcionar
físicamente.
Y
por supuesto, también Víctor ha cometido errores
y muy graves: para empezar, tener a Arjol de preparador
físico; luego su obcecación por el famoso
rombo con la intención de dar protagonismo a Aimar;
el banquillo para Sergio García y D'Alessandro en
momentos en los que estaban siendo los mejores; la insistencia
en colocar a Diego Milito cuando peor estaba; el ostracismo
de Oscar y Celades, del cual los ha tenido que sacar para
buscar soluciones; la falta de mano izquierda en el vestuario
que ha hecho aflorar tensiones, aunque también hay
que decir que esto lo ha agravado un jugador determinado,
D'Alessandro, que ha puesto sus intereses personales por
encima del bien colectivo y ha tratado de echar un pulso
al entrenador, que no ha terminado de ganar y por eso ahora
se quiere ir. El caso es que Víctor ha tratado de
enmendar sus errores con todo tipo de variantes tácticas
y cambios de jugadores, pero nada le ha terminado de funcionar.
Así
las cosas, el Real Zaragoza afronta el último partido
del año sumido en una crisis total de juego y resultados.
Si la eliminación de la UEFA fue un palo gordo para
la afición, vernos al borde del descenso tras la
última racha de siete partidos sin ganar ha resucitado
todos los fantasmas que nos han perseguido en los últimos
años. Como aficionado zaragocista que ha confiado
en esta plantilla y en Víctor Fernández para
alcanzar los objetivos de la temporada, me siento ahora
defraudado y desesperanzado. Para mí, este sábado
hay en juego algo más que tres puntos. Lo que se
plantea es una auténtica cuestión de confianza.
Es
evidente
que, en esta situación, lo único que vale
es ganar. Si no somos capaces de conseguir la victoria ante
el Valencia, será imposible mantener confianza alguna
en una reacción del equipo. Pero es que ni siquiera
ganar asegura que se despejen las graves dudas que se han
generado. Haría falta una buena muestra de que el
equipo tiene soluciones, que en estos momentos no se vislumbran,
para lograr una buena racha que salve la situación.
Y a estas alturas, el margen de maniobra se reduce de forma
preocupante con cada partido que pasa, de manera que no
sería de extrañar que la Directiva buscase
un revulsivo. Y todos sabemos perfectamente qué es
lo que ocurre siempre en estos casos en el mundo del fútbol.