El balance
de la primera vuelta es bastante negativo; ha habido tres
momentos de cierta esperanza: cuando tras vencer, apurada
y puede que injustamente, al Xerez encadenamos tres victorias
seguidas, al terminar el encuentro del Heliodoro Rodríguez
López, al habernos impuesto a domicilio a un rival
directo y frente al Salamanca, pues a pesar del mal juego
alcanzábamos el liderato; pero cada alegría
acabó siendo fugaz y cada asomo de destacarse, un
espejismo.
Un
análisis sincero -a veces los aficionados tendemos
a engañarnos, quizá buscando anestesiar nuestra
desazón- no puede dejar títere con cabeza.
En primer lugar, el dueño del equipo y la directiva
no ha dejado de dar una imagen de descontrol y falta de
firmeza que no ha ayudado nada a consolidar un elemento
tan necesario para el ascenso como es la estabilidad; hay
oscurantismo, no se sabe lo que quieren, Bandrés
parece desconcertado y Agapito Iglesias, desaparecido. Todo
la rumorología alimentada en este mercado de invierno
(Oliveira, Ander Herrera, Ayala, ...) ha dejado a la afición
en estado de desconcierto: esperemos que al acabar el plazo
y la semana no se haya dado el golpe de gracia a la ya escasa
solvencia de la plantilla.
Los
jugadores no se pueden librar de la crítica; hay
algunos que no han tenido la actitud suficiente: muchas
palabras bonitas entre semana, algún que otro detalle
de calidad y un compromiso que ha ido disminuyendo, al menos
aparentemente, conforme avanzaba la competición;
a otros, sencillamente, les ha venido grande la empresa:
ha habido muchos fallos que han costado puntos, hay jugadores
como Zapater y Paredes de cuya profesionalidad no se duda
que llevan meses en crisis y los fichajes son una decepción
de padre y muy señor mío: podríamos
salvar, discretamente, a Braulio y Pulido, mientras que
Jorge López ha ido de más a muchísimo
menos, Hidalgo ha desaparecido de las alineaciones, Coentrao
de la plantilla y Doblas ni ha aparecido, mientras Arizmendi
y Caffa estan siendo un fiasco monumental y Pignol y Songo'o
no dan el nivel.
Marcelino era la gran apuesta y todos los aficionados, incluso
quienes no compartían su gusto futbolístico,
nos agarramos a él como a un clavo ardiendo; yo no
dudo de su profesionalidad, disposición y buenas
intenciones, pero hasta el momento ha fracasado; hubo un
tiempo en que pareció que comenzaba a verse un equipo,
pero a partir de la triste noche de Vigo tal visión
ha terminado. Pienso que las rotaciones son buenas, pero
Marcelino más bien parece que cambia de criterio
con sus piezas de la noche a la mañana. Por otra
parte, me temo que le haya faltado mano izquierda cuando
ha pretendido sincerarse en alguna rueda de prensa y no
se si ahora lo puede estar pagando. El asturiano parece
haber empezado a perder los papeles y esto es peligrosísimo.
La
gran ventaja es que aún no se ha perdido pie: estamos
a cero puntos del ascenso y queda toda una vuelta por delante;
yo tengo la durísima sensación interior de
que se han desaprovechado oportunidades por doquier, pero
la igualdad -y posiblemente también la mediocridad-
nos permite seguir en cabeza. Eso sí, es urgente
dar un cambio radical: así no vamos a ninguna parte
y esas historias de que "subiremos por lo malos que
son los otros" o que "al final se impondrá
nuestra calidad" al menos yo ya no me las creo y me
parecen peligrosísimas.
Afortunadamente,
ya se cierra el mercado de invierno, algo que facilitará
que se acaben los rumores y todos puedan centrarse en la
única idea necesaria: el ascenso. No se si dará
tiempo de fichar a alguien, pero un medio centro y, si se
va Oliveira, un goleador son necesarios. Si es preciso recurrir
al filial, que se tenga la valentía de hacerlo, si
hay que meter un bocinazo a alguno, que se haga, pero hacen
falta medidas.
El
domingo viene el Levante, la victoria es imprescindible
y a partir de ahí se ha de actuar como si lo pasado
no fuera más que un mal momento, como si la liga
empezara ahora: casi todos partimos en igualdad de condiciones
y, a la vista de lo mal que lo hemos hecho, no deja de ser
un respiro. Pienso que jugadores como Jorge López,
Ayala, Caffa, Hidalgo, Arizmendi, ... no pueden ser tan
malos como han demostrado hasta ahora, que la capacidad
de presionar, el compromiso, la fuerza física que
se veía frente a Eibar, Tenerife o en el primer tiempo
de Albacete puede reaparecer si se lo proponen, que Marcelino
es capaz de reaccionar y volver a ponerse las pilas .....
quiero pensar que esto tiene solución: la segunda
vuelta tiene que ser una segunda oportunidad.