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Por Mario Maño de Cabra (Córdoba)
¡Wenas
amigos! Muchos somos los que seguimos llorando por
aquella copa que todo el mundo daba por ganada tras
el 6-1 a todo un Madrid y dejar en la cuneta a este,
junto a equipos como el todopoderoso Barcelona y el
resurgido Atlético de Madrid entre otros.
Los
motivos o causas no tener la séptima bajo mi
punto de vista han sido una afición que habíamos
ganado la final del Bernabeu antes de jugarla, la
prensa que apoyaba nuestra tesis colgándonos
el cartel de favoritos (en una final juegan los sentimientos
y la ilusión no el estado de forma de un equipo
o su situación en Liga) y principalmente la
suerte que esta vez no nos ha sonreído.
Si
nos remontamos a las últimas jornadas cercanas
a la final de Madrid observamos que el Zaragoza perdía
puntos en fallos clamorosos, últimos minutos,
o mostrábamos una imagen por debajo de nuestro
nivel que nos conducía a la derrota. Todos
achacábamos estos malos resultados a los nervios,
desconcentración, poca tensión... por
estar tan próxima la final de la 7ª. Pero
llegó el gran día, aquel soñado
por todo maño, la noche en la que nos jugábamos
el todo o el nada, el estadio donde se encontraba
el único objetivo que teníamos que conseguir
esta temporada. Los aficionados nos volcamos para
alzarlos hacia el triunfo (en el mayor repliegue que
ha vivido el zaragocismo, más incluso que la
noche gloriosa de París).
En
el previo del partido invadimos Madrid tanto en persona
como en pensamiento, en la carpa zaragocista no cabía
más gente, los cánticos se mezclaban
entre el sondeo de nuestra bandera, miles de aficionados
repetían sin fin "esta copica pa la pilarica".Tengo
que suscitar que el comportamiento de la afición
zaragocista y espanyolista fue inmejorable, dos pueblos
unidos por el fútbol.
Y
llegó la hora, aquella donde teníamos
que demostrar que somos el rey de copas, aquella en
la cual teníamos que justificar nuestro papel
de favoritos, aquella en la que la fecha del 12 de
de Abril debía de perdurar en nuestro orgullo,
el día que jugábamos con un jugador
más que los periquitos y el partido que unía
al zaragocismo en un único rugir: Real Zaragoza
tu eres mi campeón.
Y
comenzó el partido con un ritmo frenético
hasta que Tamudo al lanzar un libre directo su compañero
De la Peña que golpea el larguero anticipándose
a la pasiva defensa maña para remachar a gol
el 1-0.Pero no nos venimos abajo ya que dominábamos
parcialmente la zona del espanyol y cercana la media
hora de juego, jugada ensayada que acaba con gol de
EWERTHON tras un barullo dentro del área chica.
La zamba nos animaba y volvía a ilusionarnos,
pero tras un fallo de nuestro lateral en contragolpe
centro medido del pequeño buda y el acrobático
Luis García(pretendido antes por el Zaragoza)de
cabeza fusila a César.
El
resto del partido hasta el tercer gol fue un querer
y no poder ante el autobús que puso Lotina
atrás. Savio reapareció pero nadie remató.
El equipo todavía no tiraba la toalla, hasta
que César demostró tener la cabeza de
un niño con sus 35 años, lanzándole
al público una botella que este recibió
de ellos y dejó el partido roto y nos avergonzó
con su expulsión. Su veteranía, experiencia
en finales y madurez se esfumó con esta jugada.
Con
el albaceteño Valbuena en la portería
tuve que ver un póster periquito y tragarse
el cuarto obra de Luis García con tiro cruzado
desde fuera del área en el que nuestro cancerbero
pudo haber hecho algo más. La final ya estaba
adjudicada y para colmo nuestro niño Cani (que
puede recalar en el Villareal, decepcionando el club
a todos los aficionados) cae
al suelo lesionándose prácticamente
hasta el final de la temporada. Pasado el minuto 90
el colegiado pitó y el llanto se reflejo entre
los maños contrastando con la euforia de la
afición del Espanyol.No
habíamos hecho los deberes, pero en el fútbol
no siempre se puede ganar.
Entre
la desilusión y la decepción ahora creo
que le toca al club devolvernos esa confianza, ese
apoyo incondicional, esos cánticos interminables
que nosotros le hemos dado a nuestro equipo con fichajes,
una nueva Romareda y una buena estructura deportiva
que nos vuelva a ilusionar y a motivarnos para llenar
el graderío de nuestro estadio. Ahora más
que nunca todos los aficionados tenemos que apoyar
más a nuestro equipo, aquel que nos hace soñar
y llorar, aquel que nos hace vivir, aquel por el que
sufrimos, ese por el que pagamos.
Con
respecto a la marcha de Savio , que palabras pueden
expresar lo que nos ha dado este jugador, ha sido
la identidad de nuestro equipo tras el paso por segunda,
la ilusión, el regate de la afición,
la banda de la Romareda y sólo queda agradecerle
su estancia en nuestro club.
Sin más que comentaros se despide un aficionado
zaragocista fiel a su equipo tanto en los buenos como
en los malos momentos, un abrazo desde Cabra(Córdoba)
a todos los maños y siempre AUPAZARAGOZA.
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