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28 de septiembre de 2007
Estuve
allí, en el Camp Nou del 4 a 1. Es más, vivo a doscientos
metros del estadio. Soy Aragonés; de Zaragoza y desde
hace años la llegada del equipo es una cita ineludible
para mí y para mi hijo de 12 años, catalán y culé.
Durante estos dieciséis años en Barcelona, los días
previos a la llegada del equipo, en esas largas tertulias
con mis amigos barcelonistas, éstos siempre nos habían
mostrado respeto, no dando por sentado, pese a los
42 años sin comernos un rosco en la Ciudad Condal,
la victoria local.
El miércoles estaba en la grada. Nunca había escuchado
del público culé, deportivamente hablando, cosas tan
sumamente vergonzantes como zaragocista. No eran los
típicos y normales gritos dirigidos por la afición
local contra el equipo contrario, bien por una entrada
brusca, o un choque físico por encima de lo considerado
normal. En realidad no hubo nada de esto.
No, ni tan siquiera eran gritos, no hubo ocasión;
eran comentarios de absoluta superioridad, mofándose
de "una cuadrilla de chavalejos vestidos de blanco,
-según 'pinche' a mi vecino de la butaca de abajo-,
recien conocidos y unidos para la ocasión apenas horas
antes del partido".
Eran comentarios jocosos, intercalados entre risotadas
y gestos de diversión extrema, más próxima a un espectáculo
circense que a un partido de fútbol.
Cuando en la segunda parte el barcelona decidió no
hundir el puñal hasta las entrañas, y los nuestros,
cuales chavalotes alucinados, contemplaban paupérrimos
los ronditos de los Deco, Mesi, Iniesta..., las gradas,
plenas de barceloneses enfervorecidos, muchos de los
cuales probablemente antitaurinos, pues aquí esta
de moda serlo, corearon los tan españoles y taurinos
¡oles! durante buen rato. Si te lo cuentan, duele,
pero si lo ves y lo oyes, te entran ganas de marcharte.
No me fui y les diré porqué, por mi hijo. Él disfrutó,
he de decir que pese a ganar su equipo, no dejo de
sentir pena por el Zaragoza, pues no en vano es el
equipo de su padre y no le desea ningún mal; el chaval
hubiese querido que perdiera, pero demostrando coraje
y garra.
Yo estuve allí, y tampoco me hubiera importado perder
luchando; pero, deportivamente, me sentí humillado
como zaragocista, esa fue la única derrota.
PD: Gracias a AUPAZARAGOZA.COM por su web y especialmente
por los archivos de audio, que me hacen sentir más
próximo a mi equipo y mi ciudad y gracias a RADIO
EBRO por sus transmisiones 'on line' de los partidos,
me gustan hasta los anuncios. Quién lleve tanto tiempo
fuera como yo me entenderá bien.
Saludos.
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