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28 de septiembre de 2007
Independientemente
del sonrojo que los zaragozistas hubimos de padecer
ante el "espectáculo" del Nou Camp
y de las medidas que al respecto hayan de tomarse,
no deberíamos olvidar la alevosa entrada padecida
por Matuzalem, como una segunda edición de
la que el criminal Figo realizó sobre César
Jiménez.
Sólo el doctor Villanueva -que yo sepa- ha
tenido la dignidad de hablar sobre el asunto en unos
términos duros, pero correctos, que le honran.
La artillería mediática del Mandril
organizó, en su día, de cara a la prensa
centralista, el numerito del arrepentimiento. Resultado:
César Jimenez, retirado del fútbol mientras
que el indeseable que le agredió ni siquiera
fue sancionado con tarjeta amarilla y sigue llenándose
los bolsillos.
A este otro delicuente del fútbol -el tal Yayá-
por lo menos fue amonestado, aun cuando debió
ser expulsado y sancionado con el mismo número
de partidos que no pueda disputar Matuzalem. Pero
esto es pedir peras al manzano.
Si recordamos como una vez tras otra nuestro Real
Zaragoza es ofendido, marginado e injustamente tratado,
desde, en mi memoria, Cortizo hasta Matuzalem, creo
llegado el momento de que la Junta Directiva comience
a tomar medidas encaminadas a que se nos trate con
la justicia y con el respeto que se debe a un club
de nuestra categoría.
Es decir presentar un recurso ante los órganos
federativos para que se sancione al tal Yayá.
¿Nos hemos parado a pensar en cómo se
hubieran puesto los diferentes medios nacionales y
la propia Federación, si esa entrada -y su
consiguiente lesión- la hubiera recibido el
Robiño, el Messi, el niño Torres o cualquier
otra figurita del escaparate mediático.
Ya es hora de dejar de templar gaitas y apelar a la
justicia.
Lo de Barcelona es pasado, el equipo está semihundido,
pero el deber de los jugadores es levantarse y dar
la cara. El nuestro es manifestarles nuestra decepción
y luego empujarles hacia arriba como tantas otras
veces hemos hecho.
¡¡AUPA SIEMPRE EL REAL ZARAGOZA!!
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