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21 de octubre de 2007
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por
Goal |
Seguimos
con la serie del 75º Aniversario, ahora que se ha
inaugurado la Exposición del Real Zaragoza.
En el invierno de 1932, íbamos a jugar a Asturias,
concretamente a Gijón, y en el mes de febrero. El
viaje, en autobús, se hizo por Logroño, Burgos, Palencia,
con la intención de ir a dormir al mismo Gijón, Ese
fue el proyecto inicial, pero cuando empezaron a subir
el puerto de Pajares, se desencadeno una tormenta
de nieve sobrecogedora.
El bueno de Paco Pò, chofer del Zaragoza, opino que
no se debía intentar pasar el puerto con aquel temporal,
porque eran mas de las seis de la tarde, noche cerrada
ya, y cierto temor a quedarse atrapados en la carretera,
y se decidió dejar para el día siguiente el paso por
Pajares.
Las carreteras, por aquellas calendas, no estaban
como ahora, los albergues de carretera no existían,
las estaciones (solamente surtidores "a mano") de
gasolina escaseaban, y como no se pudo dar la vuelta
para regresar al último pueblo, Villamanin, viendo
una gran casa de labor allí mismito, se pensó y decidió
el pernoctar allí.
Tomaron la precaución de vaciar el agua del radiador
por si se congelaba por la noche y pidieron ayuda
aquella buena gente. Para dormir no había demasiado
problema, porque podían hacerlo con bastante comodidad
dentro del coche, llevaban en el suelo una buena capa
de paja que daba abrigo a los pies, y se iba provistos
de ropa de abrigo y mantas, y sobre todo "la pubertad"
de todos daba la suficiente calefacción al dormitorio......pero
tenían hambre y había que cenar. Y aquella buena casera
preparo una "fabes" gloriosas, asó unas estupendas
chuletas y se excuso diciendo que solo tenia tres
huevos, que los haría como quisiesen, y resulto simpatiquísimo
que Diodoro Anduiza contesto:
--El mio frito, por favor.
Por poco lo matan los dieciséis hambrientos compañeros
de penas y fatigas.
Y la hora de pagar fue lo mejor. Aquella buena gente
pidió ¡doscientas pesetas! El delegado Dr. Paricio
les dio quinientas y no se lo creían.
A la mañana siguiente ya no nevaba. En una fogata,
calentaron nieve para el radiador y se continúo el
viaje. Se paso el puerto sin mayores apuros, y cual
fue la sorpresa, que al llegar a Oviedo, se encontraron
con Emilio Ara, que habiendo acudido con su coche
a Gijón, para ver el partido, y extrañado de no encontrarlos
en el hotel al hacerse de día, volvía en busca de
la expedición por si había ocurrido algo.
Emilio Ara, el mejor directivo de toda la historia,
terrateniente oscense, que todos los años regalaba
al club un vagón de trigo, merece un capitulo aparte,
si tengo tiempo un día os lo contaré.
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