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18 de noviembre de 2007
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por
Goal |
En
la epoca de nuestro peregrinaje por la tercera division
en el año 1932, la seriedad de los clubs, era
pura entelequia. Dejaban de acudir a un desplazamiento,
por las buenas, sin aviso alguno, se retiraban de
la competicion de la forma mas simple; y naturalmente
los perjuicios que ocasionaban a las clasificaciones
y a las arcas de los clubs, eran enormes y constantes.
Para
salir al paso de estas anomalias, la Federacion Española
de Futbol, reglamento de forma oficial, lo que de
momento dio buen resultado, Se obligaba al club visitado,
a pagar el desplazamiento al visitante, con lo que
quedaba obligado a acudir a la devolucion de visita,
para reembolsarse lo abonado anteriormente. Se establecio
un baremo, en el que se precisaba la cantidad, que
a juicio (bueno por supuesto) del organismo federativo,
habia que pagar en cada caso, segun el kilometraje,
y los dias precisos para el desplazamiento.
Pues bien; toco vivir a proposito de ello, unos episodios
muy graciosos, bueno graciosos ahora que han pasado
75 años de ello, Entonces parecieron tragedias,
o poco menos.
Una vez, en Valencia, jugabamos contra el Gimnastico,
ya desaparecido por absorcion y fusion con el Levante,
y tuvieron la humorada de pagarle al delegado, el
importe del desplazamiento, al final del partido,
con el dinero recogido en la taquilla. Todo ello en
monedas de plata, de una dos y cinco pesetas. Hizo
el Dr Paricio los oportunos cartuchos, y en un paquete
con todos ellos, envuelto en periodicos, salio de
las taquillas para ir a los vestuarios, donde nuestros
jugadores, estaban quitandose la ropa de jugar.
La distancia, de unos 150 metros, con una caudalosa
acequia de riego a su derecha, tuvo unos episodicos
detalles graciosos. Llevaba el paqueton con los dos
brazos(Hay que darse cuenta lo que pesaban aquellos
imponderables "amadeos") y mientras caminaba,
unos cuantos mozos, que parecieron una multitud, que
sabian lo que llevaba en los brazos, empezaron a comentar
entre ellos.
- Vamos a tirarlo a la acequia
Como el dinero no era del Doctor, empezo a temblar
pensando en que no deberia soltarlo, y si hacia tal
cosa, lo mismo se ahogaba....
Menos mal que en el apuro, vio en la puerta del vestuario
a Rolloso, el extremo derecho que habia sido suplente
aquel dia, y lo llamo a voces.
Tal vez los gritos, o acaso no era otra cosa que una
amenaza de aquellas gentes el motivo del susto, el
caso es que no paso de ahi la cosa y una vez con los
suyos pudo respirar tranquilo. |