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por
Diego M |
La exposición “Los años
magníficos”, en el palacio de Sástago,
repasa los 75 años de historia del Real Zaragoza
con una mirada puesta en el futuro.
Quién
todavía piense que viajar en el tiempo es
absurdo, francamente, es un iluso. No sólo
a través de un “De Lorean”, puro
estilo “regreso al futuro”, es posible
conseguirlo, sino que por medio de la ambientación
y el recuerdo sus resultados son mucho más
positivos, sin necesidad de recurrir a “condensadores
de fluzo”, y sin riesgo de quebrantar el lógico
espacio-tiempo si se realiza alguna acción
fuera de guión.
Interesados: acudan al palacio de Sástago;
razón: exposición de los años
magníficos para más gloria del zaragocismo
y su memoria.
Lógicamente,
la primera parada en el tiempo, la primera fecha
en el camino resulta bastante evidente: 10 de mayo
de 1995; París; Parque de los Príncipes.
Un gol en tres dimensiones recrea el pasaje de mayor
goce para el zaragocismo, el cénit futbolístico
a orillas del Ebro, bueno, en este caso, a orillas
del Sena. Un Nayim virtual volvió a marcar
mil veces el tanto deseado por cualquier jugador,
por cualquier hincha: era el último SEGUNDO
de la prórroga cuando la inspiración
divina alentó al gran jugador ceutí
en un disparo odiado en sus inicios por la grada
y anhelado en su trayectoria final por el mundo.
Nunca un portero sufrió tamaña humillación
por los tiempos de los tiempos; nunca un jugador
marcó un gol de esas características;
nunca una afición estuvo tan cerca de tocar
las puertas del cielo.
Carteles
anunciantes de partidos, botas, camisetas, fotografías,
sonidos y vídeos históricos. Así
continúa el resto de la exposición,
supeditada, en apariencia, ante el gigante parisino.
Pero no es así.

Los otros espacios de la exposición resultan
imprescindibles para entender la historia del Real
Zaragoza: la sala de campeones (su acceso es a través
de una cortina de humo, única en Aragón,
donde se recrea la entrada de los jugadores al terreno
de juego) muestra los nueve trofeos conseguidos
por el club en sus 75 años de historia, con
un vídeo en el que se recrean las respectivas
hazañas; la sala del coleccionismo, rincón
esencial en el que se intenta reflejar, a través
de sellos, cromos, discos, caricaturas, etc., que
el Zaragoza es algo más; la sala de historia,
conformada en gran parte por fotografías
de un gran número de jugadores, todos ellos
cargados de una simbología especial, al igual
que la maqueta de la vetusta Romareda, la cual corona
el centro de la habitación; la sala de los
últimos treinta años, ambientada con
murales que retratan secuencias acaecidas desde
los “zaraguayos” hasta la época
actual, finalizando con un vídeo, realmente
emotivo, que repasa los 75 años de historia
del club a través de sus distintas etapas;
y para concluir, en el piso de arriba, las salas
de fotografía y de prensa, radio y televisión
suponen la guinda a un pastel realmente sabroso,
elaborado con los ingredientes de la pasión,
la emoción y el recuerdo, y sazonados con
ese toque humano que representa la figura del periodista,
intermediario privilegiado entre dos grupos íntimamente
relacionados: los futbolistas y la hinchada.
Pero
no sólo de Sástago viven los años
magníficos. La exposición, cuya visita
en el palacio ha reunido, hasta el momento, a más
de 40.000 personas, no acaba allí. Muy cerca,
doblando la esquina del coso con plaza de España,
se encuentra otro rinconcito bañado con la
esencia blanquilla, un 4º espacio obviado por
muchos (6.000 personas lo han visitado), llamado
“Avispero”. Su planteamiento resulta
honesto: acercar a distintos jóvenes artistas
al mundo del fútbol. Porque la cultura y
el arte no deberían estar reñidos
con el deporte rey, este espacio revela una fuerte
significación en este sentido.
Yarza;
Belsué, Aguado, Milito, Reija; Señor,
Violeta, Arrúa; Canario, Marcelino, Lapetra.
Este es mi once histórico ideal después
de mi visita particular por la exposición.
Si usted, inagotable lector, cree que dicha alineación
de constelaciones no es la mejor que pudiera pisar
el césped de la Romareda, le recomiendo,
sino lo ha hecho ya, que acuda con urgencia al palacio
de Sástago, y me explique después,
con sesudos razonamientos, el por qué de
su objeción. Seguramente acabará convenciéndome.