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por
Goal |
Los viajes con aquellos grandes jugadores y mejores
personas, tenían el encanto de las sorpresas,
los incidentes, y siempre (o casi siempre) con un
matiz humorístico que ahora, al correr de los
años, nos hacen rememorarlos con un agrado
indiscutible.
De los episodios más singulares, uno de los
que se recuerda con una sonrisa inevitable, a pesar
de haber transcurrido setenta y cinco años
es el día que estrenaron pijamas Andrés
Lerín y Prudencio Gómez.
En viajes anteriores habían visto con cierta
envidia que todos empleában esas prendas para
dormir, en vez de hacerlo como ellos con la camiseta
y los calzoncillos. Y un buen día se decidieron
y realizaron la compra de unos pijamas para no ir
desfasados con el resto del grupo.
Y resulta que, pernoctando en Logroño, en el
Gran Hotel, al ir al comedor para cenar, se encontraron
con la sorpresa de que se presentan en el restaurante
los supradichos Andrés y Prudencio, luciendo
unos novísimos pijamas de aquellos de rayas
que se usaban entonces, que les hacían parecer
presidiarios o poco menos. Ante la sorpresa admirativa
y algún reproche por usar dicha prenda en lugar
tan poco apropiado, les contestaron muy serios que
lo hacían, para que vieran todos que ellos
también usaban pijama para dormir. Y añadía
Andrés, que habitualmente compartía
el cuarto con Prudencio: "Este ya me lo ve por
las noches pero vosotros no vais a tener esa satisfacción".
Para matarlos, porque además, los llevaban
puestos encima de la camisa y el pantalón de
calle, amén de los calcetines y zapatos...
No sabemos lo que pensarían y dirían
los otros huéspedes del hotel, pero sus risas,
sus codazos entre ellos y los comentarios "soto
voce" debieron ser poco elogiosos. Luego en viajes
sucesivos, nunca faltó alguien que les preguntara
divertido, si iban a acudir al comedor "en traje
de noche".

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