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28 de abril
de 2009
Todos tenemos bastante
claro que aún queda mucho por hacer, muchos
puntos por disputar y, sobre todo, mucho por sufrir.
Los aficionados del Zaragoza estamos tan curados de
espanto que nos pasamos el tiempo cruzando los dedos
y nos comienza a temblar el pulso cuando se acerca
el fin de semana. Cada vez quedan menos partidos y
el margen de error ya casi no existe, aunque también
es cierto que a la vista del rendimiento del equipo
en las últimas semanas, a la angustia se añade
la esperanza, al miedo, la ilusión y al agobio,
el empuje.
Y es que tenemos que
agradecer a quien corresponda –creo que Marcelino
y su equipo y los jugadores se deben repartir los
méritos- el que nos hayan devuelto la ilusión.
Tras una temporada de pesadilla y una campaña
en segunda plena de irregularidad y convulsiones,
se ha recuperado, me parece que milagrosamente, el
espíritu de aquellos días que ya parecen
tan lejanos cuando nos cargamos en la Copa del rey
a Atlético, Barça y Madrid o la época
vibrante en la que con los hermanos Milito a la cabeza
buscábamos Europa al ritmo del himno de nuestro
equipo. Hacía mucho que no veía sentir
y sufrir con tanta fuerza a los zaragocistas. Entrar
en el foro de Aupa y ver como vibran , sufren y elucubran
al unísono planteamientos y formas de ver el
fútbol y el Zaragoza tan distintos como los
de Gualterio Malatesta, Tmac-1, Nemmerle, Esmaikel
o Villaselección –por poner ejemplos
a voleo- me ha hecho recuperar algo que parecía
languidecer en mi interior como es la capacidad de
ilusionarme por mi equipo y, sobre todo, la fe en
regresar a la tierra prometida.
Se ha jugado con fuego,
se ha gestionado de pena, hemos llegado a la fase
final tan fuertes físicamente como exprimidos
potencialmente, pero faltan ocho jornadas y estamos
donde tenemos que estar. El sábado tenemos
una final y si, como todos deseamos, la ganamos no
habrá respiro, no quedara tiempo para euforias
y celebraciones, pues enseguida vendrá la siguiente
… y así hasta el final.
Cuando acabábamos
la primera vuelta con una derrota frustrante en casa,
cuando tras jugar en Elche nos quedaba en la retina
un equipo incapaz de ganar a nadie a domicilio, cuando
Delibasic nos dejaba helados a las 6.30 de la tarde
de un domingo de marzo o cuando faltando cinco minutos
caíamos 2-0 en campo de un equipo flojísimo,
casi todos pensamos que era el fin …. Al cabo
de un mes y medio estamos en ascenso: tanto drama
deportivo no ha podido ser en vano. Gracias por devolvernos
la ilusión: Ayala, Doblas, Arizmendi, Jorge
López, Gabi, Zapater, …. no nos la podéis
quitar, no tenéis derecho a ello.
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