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04 de mayo
de 2009
No iba conmigo. Un
Madrid-Barça no me interesa, y mucho menos
en una agradable y primaveral tarde de sábado,
en la que pasear por la Costa Brava con la familia
y cenar unas tapitas en cualquier terraza se me antojó
mejor propuesta.
No ví el “chorreo”,
pero lo viví. No logré evadirme ni permanecer
ajeno al mismo, pues cada gol surgía de los
bares con distinta intensidad, como si un amplificador
con potencias variables desprendiese decibelios según
el acorde, lo que me permitía intuir fácilmente
el desarrollo de ese partido.
Eran las diez de la
noche, más o menos, cuando los bares se vaciaron
de golpe como la avalancha humana de un tren de cercanías
al llegar a su destino. La gente salió y dibujó
las calles en tono bicolor. Turistas variopintos,
‘‘guiris’’ y “culés”,
jóvenes y viejos, familias enteras parecían
hermanarse por un día; un maravilloso grupito
de insinuantes chicas desnudas cubrían su intimidad
con bufandas y banderas azulgrana, y provocaban algarabía
extra y sonrisas de asombro y complicidad, mientras
un par de “merengonas” sostenían
con resignación unas trompetillas del “todo
a cien” con los colores del vencedor.
Sentí envidia
sana, lo reconozco. Mientras, pensaba en el empate
que mi Zaragoza acababa de ceder según mi puntual
información vía sms.
De vuelta a casa,
a eso de las once de la noche, con las calles colapsadas
y mi antifutbolera esposa poseída por la masa
y gritando “ visca el Barça, visca, viscaaa
!!” por la ventanilla del coche, ( aaarrrrgggg
!!)......, se obró el milagro !!
Debíamos circular
en “filas de a uno” por la calle principal
de Platja d’Aro, pues un grupo de cuarenta o
cincuenta eufóricos habían dispuesto
un pasadizo de bufandas, banderas y pancartas azulgrana
que sólo podríamos atravesar haciendo
sonar el claxon. Me negué.
- Lo siento, pero
soy zaragocista ,hoy hemos empatado y estoy jodido.
- ¡ Déjalos,
que van con dos niñas ¡ .- gritó
una chica.
- ¡ Vengaaaa, ánimo que vais a subir
!. ¡ Aúpaaa Zaragooooza ¡ .-
dijo el chaval que me dio el alto.
Me espoleó….,
y empecé a cantar con todas mis fuerzas “alé
alé, alé Zaragoza alé alé,
alé alé, alé alé, alé
Zaragoza alé alé”. En un
instante me siguió el chaval y la chavalita,
luego dos más, luego cinco, veinte, cincuentaaaa
!! . Fueron sólo 10 o 12 segundos, tal vez
15, pero fueron suficientes para hacerme sentir grande,
para sentirme bien, mientras mi esposa me miraba atónita
y me enviaba una sonrisa de enorme complicidad. Los
pelos como escarpias, emoción contenida en
mis ojos difícil de disimular, las niñas
detrás alucinando !!, y yo gritando hasta morir
“alé alé, alé Zaragoza
alé alé, alé alé, alé
alé, alé Zaragoza alé alé”.
Les di las gracias
con un largo claxonazo y un tímidísimo
“visca el Barça”, y pude marchar….
¡¡ AÚPA
ZARAGOZA SIEMPRE !!, !! ORGULLOSO DE SER ZARAGOCISTA
¡¡
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