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24 de junio
de 2009
Hubo en el siglo XVII
dos artistas apellidados Herrera, padre e hijo que
conocemos como Herrera el Viejo y Herrera el Joven
o el Mozo . Fue este, nacido en Sevilla en 1622, el
que se halla más vinculado a nuestra ciudad,
pues suyo es el boceto de la Basílica del Pilar
. Es decir lo más importante de su carrera
lo realiza en Zaragoza. Y mientras Herrera padre fue
solo pintor, el hijo fue un artista más completo
, que destacó además como arquitecto.
Leyendo la biografía
de ambos, se concluye que si Herrera el Joven llegó
a tener un nombre en la Historia del Arte español,
se debe a que supo desvincularse del padre, pues no
soportaba su carácter( hablando en plata, que
estaba hasta las narices de aguantar a su viejo),
marchando a Italia con aproximadamente 28 años.
Tras un periodo de formación con éxito,
regresó a España cuidándose muy
mucho al parecer, de no coincidir con Herrera el Viejo.
Cuando el Joven llegaba a una ciudad , era porque
su padre ya se había marchado.
Que cada cual saque
sus conclusiones a este paralelismo entre los Herrera
del siglo XVII y estos del siglo XXI.. Personalmente
le deseo a este Herrera contemporáneo que sepa
zafarse de la sombra alargada de su padre y como aquel
vuele lejos si lo considera necesario, para desarrollar
libremente todo su oficio y su arte. Desearía
que como aquel, su obra más importante la ejecutase
en Zaragoza. Al principio, o al final como le sucedió
al del siglo XVII.
Los protoperiodistas de El Heraldo de Aragón
de la época le escribirían algo así
:
“Aconsejo al joven Herrera, por el bien de su
persona , disculpe a su padre mas, aléjese
raudo y ponga rumbo a tierras más fértiles
y fecundas para su oficio. El espejo en que se mira
el hijo, impide tener miras más altas y emprender,
pues, tareas de mayor enjundia. Decida por sí
y para sí el hijo, que yo le auguro que podrá
retornar un día libre de los grilletes que
son, las artes de su padre”.
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