por WiTh
Primer punto a domicilio, que aunque no es poco, visto lo visto en El Molinón, podría haber sido la compensación al tropiezo del otro día en casa.
No empezó mal el Real Zaragoza. Dominando el juego en el centro del campo y creando daño en los saques de esquina que realizaba. Y sólo por este dato, que no es nada normal en el equipo maño, parecía que el partido tendría un sabor agridulce.
Y en una de éstas, llegó el cabezazo de Pavón al fondo de la red. Pero como viene siendo costumbre, el árbitro del encuentro anuló el gol por una posible falta del defensa zaragocista en el salto.
Poco después, la mala suerte a la que hago referencia en el título de esta crónica vino a visitarnos. Diego Castro lanza un chut lejano (que habría que ver si iba incluso entre los tres palos) que tras tocar en Paco Pavón, cambia la trayectoria dejando a Carrizo con el molde. De nuevo un gol en contra, cuando se estaba controlando el partido.
Gabi desapareció en el centro del campo y Abel Aguilar no daba con la tecla para volver a organizar el juego. Arizmendi arriba, batallaba como es costumbre en él, pero poco podía hacer.
Y llegó el descanso. Charleta de Marcelino en el vestuario y vuelta a empezar.
Merecida igualada.
Volvió a salir el Real Zaragoza con ganas de cambiar el rumbo del encuentro y comenzó con el cambio de Gabi por Marco Babic, que a la postre, sería protagonista negativo del partido.
Otra vez el Real Zaragoza dominaba el juego en los saques de esquina, hasta que por fin, un balón colgado desde el córner, dejaba a Abel Aguilar sólo en el centro del área, para rematar de cabeza y establecer la justa igualada en el marcador.
El partido pasó a una fase de poco juego hasta la entrada de Songo’o. El camerunés realizó una jugada por banda derecha, realizando un autopase y llegando hasta la línea de fondo (si se tira es penalti como un piano), dando el pase de la muerte a Arizmendi, que no consiguió rematar (posiblemente trastabillado por un defensa), pasando por delante de Jorge López y llegando a las botas de Babic, que incomprensiblemente, en el pico del área pequeña, sin portero, envió el balón a las nubes. Se nos escapaba una victoria que hubiera supuesto tres puntos importantísimos.
Pero todavía quedaba la jugada tonta de la semana: Ayala y Pavón se hacen un lío atrás que a punto está de aprovechar Barral en el último minuto de partido y que hubiera supuesto un jarro de agua fría tremendo. En esta ocasión, la mala suerte fue por una vez nuestra amiga y no nuestra rival.
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