por Joca
Todo lo que no sea hablar de Messi y de su exhibición en La Romareda es negar una realidad. En el estadio municipal el Barça existió gracias a una “pulga pedorra”, que dicen en mi pueblo, que juega como los ángeles y al que no lo para ni el mismo demonio vestido de futbolista.
Mucho se había hablado sobre el flemón del argentino y sobre si Guardiola le iba a dar descanso. Algunos pensábamos que el inteligente entrenador del conjunto culé era imposible que le diera fiesta al mejor jugador del mundo, en estado de gracia y faltándole Xavi Hernández. Es como si le pides a Gay que le dé descanso a Colunga. ¡Ah no! Perdón que ya se lo concede. En fin, creo que no ha sido un gran ejemplo.
Bueno ciñéndonos a lo acontecido. El Barça salió como siempre, a su marcha. A intentar controlar el balón, el partido, dormir al rival a base de toques y con cuatro arrancadas del argentino este de gran calidad cuyo nombre prefiero no repetirlo, llevarse los tres puntos y para casa.
Sin embargo, los culés no necesitaron eso para marcar el primero de la noche. Bastó un regalo de Diogo para que Messi abriera la lata en el minuto 4 de partido. El lateral zaragocista le puso un balón en bandeja a Ibrahimovic que cedió a la banda por donde entraba Pedrito. El canario centró de forma magistral para que Messi, que no llega al metro sesenta, rematara de cabeza ante la pasividad de Ponzio, Contini y Jarosik.
A partir de ahí, el equipo de Guardiola se relajó y el Zaragoza, muy bien asentado sobre el terreno de juego, empezó a jugar al fútbol aunque sin mucho acierto arriba. Y es que Milito y Piqué, dos ex zaragocistas que salieron ovacionados por la afición blanquilla, estuvieron soberbios en el corte. Es más, a Eliseu, que se plantó sólo delante de la portería de Valdés, le desbarataron hasta en dos ocasiones la posibilidad del gol.
Así las cosas, tras el descanso Gay decidió mover el banquillo dando entrada a Lafita por un lento Edmilson. Y el Zaragoza mejoró, sin pegada, pero llegó con más peligro a la meta defendida por Valdés.
Sin embargo, antes de que las cosas se pusieran complicadas para el Barça emergió de nuevo el de antes. El argentino robó un balón en el centro del campo a Ander Herrera, en posible falta, se fue hacia la portería de Roberto y… el final ya lo sabemos, el 0-2. Corría el minuto 65 de partido.
Un minuto antes Gay había intentado ir a por el partido dando entrada a Colunga por un Arizmendi, exhausto y poco profundo en el ataque. La entrada del asturiano tardó en surtir efecto. Y es que antes de los golazos del asturiano “la pulga” ya había metido el tercero de la lista. Un fallo de entrega de Gabi le dio el balón a Messi, que ya colocado de mediapunta, se libró de Contini y se la coló a Roberto que estaba ligeramente adelantado.
Colorín colorado, parecía que el cuento se había acabado. Sin embargo, apareció la figura de Colunga que metió 2 goles en tres minutos instaurando el nerviosismo en el seno del conjunto azulgrana, como así reconoció el propio Guardiola. Sin embargo, de nuevo Messi, que parecía que les tenía tomada la medida a los defensas del Zaragoza, en especial a Contini que soñó con él, se fabricó una jugada que acabó en un penalty del italiano al argentino diabólico que acabó materializando Ibrahimovic, que ya había fallado 3 mano a mano con Roberto.
Así, y con la ridícula ampliación de Delgado Ferreiro, amplió sólo 2 minutos, murió un partido espectacular por lo de Messi y en el que el Zaragoza plantó cara. Los jugadores han sacado la lectura positiva de que jugando como contra el Barça no van a perder apenas partidos en lo que resta de temporada. Y el entrenador, debería haber sacado la lectura de que Colunga, haga lo que haga por las noches zaragozanas como se rumorea, o aunque no defienda como otros como mantiene la otra corriente de opinión sobre su suplencia, no puede estar más tiempo condenado al banquillo. Y si para ello se debe sacrificar un mediocentro se sacrifica. Porque el fútbol, el Zaragoza y el pobre Suazo saldrán beneficiados, seguro. |