por Joca
Pues ahora va a resultar que ganar a los grandes va a ser más sencillo que vencer a los pequeños. Y es que resultó bastante más fácil y gratificante vencer al Valencia en casa que sacar un triste punto del Estadio de los Juegos del Mediterráneo el pasado miércoles y todo esto con un buen fútbol, con un mal árbitro y con un rival que, sobre todo en la primera parte, le puso las cosas muy muy difíciles a los de José Aurelio Gay.
El conjunto blanquillo salió a por el partido desde el principio pero se encontró como siempre un buen Valencia. Bien colocado, presionando en el centro del campo, con rápidas contras y creando mucho peligro a balón parado. Tanto es así que el bueno de Roberto tuvo que intervenir hasta en dos ocasiones para desbaratar dos remates del gigantón Zigic a la salida de dos córners o salvando un mano a mano con Mata que hacía presagiar lo peor.
Sin embargo, el Zaragoza lejos de achantarse también creaba peligro. Y en una de esas llegó la actuación de Paradas Romero. El lamentable árbitro de la contienda fue incapaz de ver un claro penalty de Dealbert sobre el Chupete que hubiese puesto las cosas mucho más de cara de lo que se le pusieron al conjunto zaragocista a escasamente 5 minutos para el final de la primera parte.
César Sánchez ya se había lucido con una buena parada a un disparo seco de Ander Herrera. Sin embargo, el meta castellano poco pudo hacer cuando vio venir desde la frontal un obús imparable que salía de la pierna de Carlos Diogo. Javier Paredes había realizado desde la zurda un gran centro que despejaba de puños el meta valencianista, con tal buena fortuna que el rechace le cayó a Diogo que, con un sutil toque, dejó a Banega sentado, y que con la zurda soltó un zurriagazo espectacular que abrió la lata en el minuto 41 de partido.
Sin duda, un jarro de agua fría para los valencianistas y en especial para Zigic. El espigado delantero valencianista decidió tomarse la justicia por su cuenta y decidió hacer una entrada, cuanto menos fea, a Mateo Contini. Esa entrada le suponía la segunda amarilla, la expulsión y el final de los primeros 45 minutos.
Las cosas se le habían puesto francamente bien al Real Zaragoza que afrontaba la segunda parte con ventaja en el marcador, con uno más sobre el césped y con la grada entregada para la causa, tal y como había pedido José Aurelio Gay a lo largo de la semana, calificando el partido de “final de la Champions”.
En la segunda mitad, el Valencia salió respondón. A Emery no le había gustado nada lo que había ocurrido en los últimos minutos de la primera mitad y sabía que la única forma de solucionarlo era intentándolo desde el principio presionando la salida del juego zaragocista.
Y en estas que apareció el asistente de Paradas Romero. Si malo es el principal no te quiero contar el de la banderita. El buen hombre decidió señalar penalty en un forcejeo entre Contini y Pablo Hernández y que el italiano acaba despejando a córner. Al final, en una pelea dialéctica sin pinganillo y recordando los tiempos del Rafa no me jodas, Paradas Romero decidió desdecir a su linier y no señalar ni córner. No obstante, lo de ese linier es para hacérselo mirar, porque no ver nada en la jugada de Dealbert y Suazo y querer ver un penalty en esa otra, es como para que lo encierren en la nevera por lo que resta de temporada.
Por cierto, en una de esas presiones llegó una gravísima pérdida de balón de Edmilson que a punto estuvo de suponerle el empate al Valencia. Un remate fuera de Joaquín puso los nervios, de nuevo, en la grada de La Romareda.
Pero, lo que es el fútbol, en la jugada siguiente, José Edmilson se inventó un pase sensacional a Arizmendi que lo dejó prácticamente sólo delante de la meta de César para que el delantero madrileño marcase el segundo de la noche. Casi casi había que frotarse los ojos para saber si era cierto que el Zaragoza le iba ganando 2 a 0 al Valencia en el minuto 18 de la segunda parte.
Eso sí, el Zaragoza quería más, Ander quería más, Nayim quería jugar, y el Valencia estaba para que se lo hiciesen todo. Los chés comparecían sobre el césped como un chico pequeño en un museo de arte románico: aburrido y apático, vagando sin interés y con ganas de que acabase el suplicio cuanto antes.
Por eso, a la salida de un córner botado por Gabi, Jarosik agarrado por Dealbert mete el pie a la remanguillé para batir de nuevo a César, cerrar el partido, dejar los tres puntos en casa y hacer que La Romareda vuelva a vibrar con su equipo. Eso sí, que nadie se confíe. Es bueno ganarle al Valencia pero el próximo sábado viene el Málaga y a ese sí que hay que ganarle para meterlo en la pomada y para meter puntos de por medio después del empate del Tenerife y de la victoria del Xerez sobre un pobrecico Valladolid. |