por Punkarra
Con la intención de refrendar las buenas sensaciones experimentadas en el duelo frente al Valencia y la firme convicción de dar un golpe de mando, distanciarse de los puestos de descenso y, de paso, meter al Málaga en la lucha por la salvación, saltó el Real Zaragoza al verde prado de La Romareda en una tarde de Sábado Santo en la que más de 22.000 espectadores interrumpieron sus vacaciones de Semana Santa prestos a disfrutar de una tarde de pasión o penitencia en el templo del zaragocismo.
Los de José Aurelio Gay comenzaron el duelo un tanto timoratos. La tarde era desapacible, la temperatura bajó en cuestión de minutos y poco tardaron la lluvia y el viento en intentar hacer naufragar el navío blanquillo. Fue el Málaga quien primero se acercó al portal adversario, con un disparo de Valdo que, en posición inmejorable, tiró flojo y a las manos de Roberto. Poco después fue Suazo quien, tras una serie de rechaces y una vez burlado Munúa no imprimió la suficiente fuerza a un disparo que, bajo palos, acabó sacando Gámez.
El juego era trabado en el centro del campo, el terreno de juego comenzaba a tornarse en una pista de patinaje y el tedio se adueñaba de las gradas. Fue así hasta que, con el electrónico aproximándose al minuto 30, despertó el león rampante del corazón zaragocista. Arizmendi comenzó una gran jugada desde la banda izquierda, tiró la diagonal, combinó con Suazo, el ‘Chupete’ sirvió desde el pico derecho del área y el espigado atacante madrileño cabeceó rozando la escuadra derecha del portal de Munúa.
Para entonces Ander comenzaba a aparecer entre líneas, Gabi y Edmilson se estaban haciendo con la batuta en el centro del campo y Eliseu abría con entusiasmo la banda derecha. Pero el Málaga se defendía con mucho orden, sin dejar huecos ni opciones claras de disparo. Y eso que Arizmendi lo seguía intentando una y otra vez, pero unas veces Munúa y otras la falta de puntería hacían que la suerte del gol le fuese esquiva.
Cuando el choque se encaminaba ya al descanso emergió la figura de Leonardo Ponzio. El rosarino buscó el gol en el minuto 42, pero disparó demasiado alto desde la frontal. Tres minutos después recortó con acierto a Toribio, lanzó la diestra desde una distancia similar y, esta vez, el esférico limpió las telarañas de la escuadra derecha de la meta de Munúa. 1-0, descanso y explosión de júbilo en las gradas.
Ya en la reanudación el Málaga, si alguna vez había existido, desapareció por completo. Las ocasiones seguían siendo blanquillas. Primero Gabi no acertó a disparar tras un buen servicio de Eliseu desde la derecha. En el 58 Ander, en boca de gol, no llegó a remachar una asistencia de Arizmendi.
Tuvieron que pasar más de 22 minutos para ver algo de fútbol por parte del conjunto visitante. Apoño, desde la frontal, disparó duro y colocado junto al poste izquierdo de un atento Roberto que se empleó a fondo para mandar el cuero a saque de esquina. En la siguiente jugada Luque y Valdo no supieron acertar con el portal zaragocista, para alivio de una grada que veía cómo su equipo no había comprado, todavía, todos los billetes para hacerse acreedor del triunfo.
Reaccionó el respetable y el Real Zaragoza retomó el mando del choque. Diogo y Arizmendi volvieron a llevar peligro al portal malagueño pero el remate de este último se topó nuevamente con Munúa. Pero en el 75 Edmilson envió desde el centro del campo un esférico que Arizmendi, de cabeza, transformó en regalo para un Suazo que, libre de marca, fusiló sin miramientos a Munúa. Su primer gol en La Romareda acabó por tumbar definitivamente al Málaga.
Desde entonces ya no hubo partido. El equipo de López Muñiz entregó definitivamente sus escasas armas y se rindió a un Real Zaragoza que, de esta manera, le supera en la clasificación. El conjunto aragonés demostró ser un buen alumno y refrendó, aunque sin brillantez, la línea ascendente que lleva en el último tramo de este tortuoso curso. En el próximo examen, frente a Osasuna, José Aurelio Gay y su equipo deben seguir progresando adecuadamente. |