El jueguecico del Conde de Sobradiel

La primera referencia constatada al respecto del inicio de la práctica futbolística en Zaragoza es una noticia publicada, con carácter de breve, el 20 de noviembre de 1903 en la edición diaria del Heraldo de Aragón, donde siendo fieles a las propias palabras utilizadas por un adelantado colega en las artes periodísticas, los lectores de tan primitiva época pudieron ver las siguientes líneas, encuadradas entre otro breve en el que la asociación de maestros convocaba a todos los señores opositores a escuelas vacantes de este distrito universitario, por arriba y otro por abajo, en el que se informaba de la numerosa y selecta concurrencia a la sesión de circo que había tenido lugar la víspera pese a lo desapacible del tiempo reinante ese penúltimo mes del año:

“Con la denominación Zaragoza Football Club ha quedado definitivamente constituida en esta ciudad una asociación de aficionados al juego football. Después de haber sido designada la correspondiente junta, se acordó: 1º dar principio a los juegos en la primera quincena de diciembre en el campo del Sepulcro hasta que se disponga de otro sitio debidamente acondicionado. 2º la confección del reglamento social y 3º que los 50 primeros socios queden eximidos de la cuota de ingreso”.

Quedaba así puesta la primera piedra para la construcción de una catedral, hoy en ruinas de oscuros concursos de acreedores y agujeros por doquier, que con el paso de las décadas se convertiría en un flamante equipo que ganaría campeonatos de España e incluso europeos como la Recopa del 95, aunque en aquellos primeros años del siglo XX no pasaba de ser un evento meramente anecdótico cuyos protagonistas se circunscribían a miembros de las clases elitísticamente acomodadas.

De hecho, el primer partido organizado en nuestra ciudad fue jugado por nobles capitaneados por el Conde de Sobradiel y acabaría a pedradas por parte del pueblo. Alguna de ellas sin duda hubo de ser le mentada primera piedra

Sería necesario que pasara mucho tiempo para que el hecho futbolístico tomara carta de naturaleza en nuestra ciudad y encontrara un ápice de comprensión y apoyo entre un pueblo llano cuya preocupación primordial era la supervivencia diaria en una sociedad maltrecha con buena parte de la población sin trabajo, que tras una penosa y derrotada descolonización de las últimas posesiones españolas en América, sufría una crisis económica galopante agravada con una permanente corrupción política en la que los dos partidos mayoritarios iban pactando una alternancia en el ejercicio del poder, mediante la práctica del vergonzante caciquismo, que el gigante de Graus, un ya anciano Joaquín Costa, no reblaba de denunciar.

Aún así, el 13 de diciembre por primera vez se disputó en Zaragoza un partido reglamentario, previsto a cuatro goles, de un deporte de clara inspiración británica, poco menos que inédito hasta la fecha, pues apenas se había pasado de jugar en la calle usando montones de ropa como porterías y que sufrió numerosas suspensiones del match hasta el punto de tener que reanudarse el día de Navidad.

Ya entonces el primer partido vino amablemente acompañado de su mano con una primera crónica en la que se informaba a los lectores de que: “…cuando el juez iba a dar la orden para el descanso, pudo el señor Conde de Sobradiel correr la pelota, e internándose en el campo de los contrarios, sin dar tiempo a estos para rechazarla, hizo un goal que fue la nota sobresaliente de la tarde … siendo calurosamente ovacionado y felicitado por el juez”.

El jueguecico no había hecho sino comenzar. Continuará …

Ánchel Cortés.
Productor y Académico de Televisión
Abonado del Real Zaragoza nº 1.728.

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