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Por Jeremy North
No
me gustan los partidos nocturnos de sábado y domingo:
no tengo nada específico contra ellos, simplemente
los considero negativos para la salud del equipo zaragocista
y de sus aficionados. En las últimas dos temporadas,
sólo ha habido dos resultados positivos en partidos
nocturnos de fin de semana: contra el Valladolid en Zorrilla
y contra la Real Sociedad en La Romareda en los primeros
meses de la labor de Víctor Muñoz, no recuerdo
otros triunfos. Han existido grandes hitos conseguidos bajo
la luna, como el 1-5 del Santiago Bernabeu, pero han sido
mayores los desencantos. No os podéis imaginar lo
tristes que eran las salidas por la noche zaragozana tras
perder 1-7 contra el Real Madrid o 1-6 contra el FC Barcelona;
el desánimo era tan profundo que a pesar de las ganas
lógicas en la juventud por ingerir bebidas alcohólicas
y hacer nuevas amistades, había un 101% de posibilidades
de no cumplir los objetivos previstos.
El
partido contra el Deportivo de la Coruña no fue una
excepción al gafe de partido nocturno en fin de semana.
Las esperanzas depositadas en este partido eran fundadas,
tras el afortunado precedente contra el Osasuna, pero pronto
pudimos comprobar que los coruñeses no iban a ser
presa fácil. A pesar del gol inicial de Diego Milito,
tras una buena combinación entre Óscar y Savio
y fallo garrafal de Coloccini, el Deportivo se sitúo
mejor en el mediocampo, con Duscher y Sergio ninguneando
a nuestros medioscentros y con Valerón impartiendo
cátedra en la mediapunta, desordenando la estructura
defensiva zaragocista. Con estos ingredientes expositivos
de buen fútbol y con la habitual falta de contundencia
en los balones altos de nuestra defensa, el Deportivo puso
en apuros constantes la portería de César,
mientras nuestra gente de vanguardia, excepto Savio y Diego
Milito con su ingrata labor de llanero solitario, desaparecía
por ensalmo, sin noticias de cualquier tipo. El empate postrer
de Tristán fue un premio demasiado apurado a una
mejor labor del equipo deportivista en la primera mitad.
Mejores
sensaciones tuvimos en la segunda parte. El Real Zaragoza
se aposentó con mayor sentido táctico y el
Deportivo tuvo el natural bajón físico que
le impone la veteranía del once titular. Las oportunidades
fueron cayendo del lado maño, pero ni Óscar
ni Diego Milito acertaron con el marco de Molina. El cambio
del denostado Cani por un ineficaz Ewerthon facilitó
mayor profundidad a la banda derecha, pero los otros dos
recambios introducidos por Víctor, Celades y Generelo,
no insuflaron nuevas fuerzas al equipo. El partido fue vibrante,
con un tiempo para cada equipo, por lo que el resultado
puede calificarse como justo.
No
siempre se puede jugar con el acierto e intensidad del miércoles
pasado, los rivales también cuentan, aunque muchas
veces obviemos la existencia de un contrario, pero debemos
tocar dos puntos negativos y que parece que, por su reiteración,
son difíciles de subsanar: el cambio de cromos de
Víctor Muñoz en las sustituciones y la debilidad
defensiva por alto. Las modificaciones introducidas en el
partido de ayer por el mister zaragozano son una muestra
más de que ya ha realizado las parejas para cambiarlas
y no se mueve un ápice de su tratado inicial. Se
le debe exigir a Víctor una superior originalidad,
una búsqueda de soluciones atípicas, que permitan
descentrar al equipo contrario y evitar el adocenamiento
en el juego zaragocista. Pero… vamos por el tercer
año de la era victoriana y no se vislumbran cambios
en su forma de sentir…
Los
balones altos: tenemos una pareja de centrales estimable
y reconocida pero con un déficit importantísimo
en altura. Los problemas surgen cuando ante la inexistencia
de centímetros en nuestra defensa, el guardameta
no toma la determinación de salir a los balones bombeados.
Es conocida la falta de respuesta a ese problema en la temporada
anterior; sin embargo hasta ahora César Sánchez,
un portero de garantías, ni Valbuena, han resuelto
las dificultades aéreas de nuestro equipo en la presente.
Este lastre debe ser remendado de manera inmediata, puesto
que las aspiraciones clasificatorias del Real Zaragoza pueden
caer velozmente desde las alturas.
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