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Por Ron Peter
Cuando uno se enfrenta a
un rival teóricamente inferior, existe una peligrosa
tendencia a confiarse, a relajarse incluso de forma inconsciente.
De hecho, es un mecanismo natural que los seres vivos emplean
para administrar sus recursos energéticos y guardar
las fuerzas para los momentos más duros. El problema
es que a veces nuestro instinto nos engaña y lo que
en principio parecía fácil, se transforma
en una losa mucho más pesada de lo que podríamos
esperar de antemano. Los humanos, como animales racionales
que somos, deberíamos aplicar más nuestra
capacidad de análisis, al menos en lo que se refiere
a una evaluación objetiva del calibre del enemigo.
El
Real Zaragoza salió ayer domingo a jugar a un campo
con las armas enfundadas. Con el motor en fase de prearranque,
se encontró frente a un competidor que le avasallaba
por velocidad y ganas. ¿Por qué es el Getafe
el lider de Primera División? Pues miren, no tengo
ni la más peregrina idea. Ni siquiera tras verlo
ayer meterle cinco goles a nuestro equipo. Pero la cuestión
es que lo es, y que alguien debería haberse preguntado
si sería algo más que simple casualidad que
este equipo madrileño estuviese ahí. En esta
vida casi todo tiene una explicación. Lo que pasa
es que unas cosas tardan más que otras en verse de
forma clara. Quizás después de lo de ayer
veamos todos al Getafe de otra forma. Por lo menos lo veremos
con esa cualidad intangible que distingue a los motivados
de los apáticos.
Cada
nuevo gol en contra nuestra que iba llegando iba alimentando
nuestra desesperación. No sé por qué,
mi mente viajó a una escena vivida hace muchos años,
cuando cumplía con la Patria en unas maniobras en
nuestro desierto particular de San Gregorio. De aquello
me quedó la sensación de agobio de ver cómo
las horas pasaban lentamente, deseando que el día
terminase de una maldita vez. Cada gol que iba cayendo en
nuestro saco era como comerse un puñado de arena
pringosa, esperando que llegase el momento de que cesase
el suplicio. Tras un primer fallo defensivo toda la estructura
defensiva empezó a desmoronarse, dando paso a lo
nunca visto: cuatro torrijas en media hora. Para disertar
sobre culpas individuales, a los videos me remito.
Existen
serios motivos para la inquietud: ¿Cómo es
posible que suceda algo así? ¿Cómo
se ha podido permitir un desastre de esta magnitud? Hace
dos semanas teníamos un equipo serio y competitivo,
que estaba empezando a demostrar cosas interesantes. ¿Dónde
ha ido esa consistencia? ¿Dónde ha ido esa
preparación física, que debería sostener
a unos profesionales durante los noventa minutos?¿Dónde
están las internacionalidades de Toledo o Ponzio?
¿Dónde están la calidad de Oscar, la
velocidad de Ewerthon, el arte de Cani, la capacidad de
Zapater, la batuta de Movilla, la definición de Diego?
De
cualquier hecatombe se puede incluso extraer un mínimo
hilillo de esperanza. En un intento de recuperar la dignidad
durante la segunda parte, el Zaragoza logró acercarse
en el marcador y atribular al Getafe, más no fue
suficiente. Demasiados fallos para enmendar en poco tiempo.
Esto
no puede continuar así. Dos derrotas consecutivas
en liga frente a contrarios asequibles y un misérrimo
partido en Copa hacen que el próximo partido adquiera
una dimensión inesperada, ya que podríamos
estar incubando lo que sería la primera crisis de
la temporada. Todo el mundo ha de ser consciente de ello.
Victor el primero. Quizás haya que recomponer el
centro del campo, aunque ya no esté aquel aragonés
grandote que no se dejaba amedrentar por la presión,
que sabía jugar sin balón, que manejaba los
tiempos y a quien V.M. invitó a marcharse.
O
quizás sea suficiente con que todos los que ahora
están se conciencien claramente de la necesidad de
mantener en todo momento la concentración, la dignidad
y la rabia por ganar. Sin eso nunca seremos nada.
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