|
Por Jeremy North
Existe
un programa en “Calle 13”, cadena de la televisión
por cable, que se llama “Cementerio TV”. El
programa trata de que los espectadores de cualquier ciudad
o pueblo de España graben los cementerios de sus
municipios o ciudades y lo envíen. La gracia es que
graban los cementerios de noche, a la luz de un par de linternas,
una o dos personas, cuando no hay nadie más en el
cementerio que las lápidas, los nichos y las flores.
También suelen hacer las grabaciones con "visión
nocturna", es decir, con la pantalla verde como cuando
el asesino de El Silencio de los Corderos utilizaba sus
gafas infrarrojas en la oscuridad para acechar a Jodie Foster.
Lo lógico es que no suceda absolutamente nada durante
la emisión del programa, pero ayer domingo, en otro
programa que no pertenecía a “Calle 13”,
sí que hubo movimiento en el cementerio “Ramón
de Carranza” de Cádiz, ante la sorpresa de
los presentes en el recinto funerario y de los morbosos
que estábamos delante del televisor.
Muy
desagradable resultó para los zaragocistas la visión
del primer tiempo. El Cádiz, un equipo muy modesto,
mezcla de gente joven y de profesionales curtidos en cientos
de batallas en el fútbol español, mostró
una actitud y una ambición absolutas, luchando por
todos los balones y triunfando en todos los envites sobre
nuestros cadáveres ambulantes. El gol de Enrique,
al que Delio Toledo no consiguió coger el número
de su matrícula en todo el partido, fue un premio
escaso para un equipo ejemplar, que impartió una
lección de organización y coraje y que bailó
sobre las tumbas zaragocistas con total impunidad. El trivote
montado por el entrenador de las Delicias fue un fracaso
rotundo, porque el balón nunca fue propiedad de nuestros
mediocampistas.
Víctor
rescató del purgatorio para la segunda mitad a Movilla
y a Zapater. Algo se movió en la insania general
del equipo, parecieron revolverse los cadáveres,
especialmente por el interés del madrileño
en salirse del patético guión establecido.
Un gol injustamente anulado a Diego Milito fue un chispazo,
pero la mediocridad no se abandona tan fácilmente
y nuestros chicos volvieron raudos a sus moradas bajo tierra.
Pero hete aquí que a Cani y Ewerthon aún les
quedan por conocer bondades del mundo de los vivos y al
grito de “Rayuela”, emulando a Víctor
Van Dort y Emily “La Novia Cádaver”,
consiguieron que el resto de muertos vivientes adquiriesen
de nuevo la condición humana, Esos dos geniales latigazos
transformaron el encuentro, y aunque el Cádiz intentó
recuperarse del terrible golpe recibido no le sirvió
de nada, pues hasta la diosa fortuna se alió con
los depauperados corazones de nuestros jugadores, con una
increíble oportunidad de gol fallada por un Pavoni
desdichado.
Una
extraña sensación produce ganar un partido
así, jugando de forma tan execrable durante gran
parte del partido y sin embargo salir indemne de la humillación
recibida. Pero no se deben dejar atrás las enseñanzas
recibidas y se pueden aprovechar mucho mejor cuando el dolor
se ha mitigado. Ayer se demostró la endeblez congénita
de la defensa zaragocista, floja por alto y lamentable por
los costados, la incapacidad de varios de nuestros jugadores
para llevar el control del partido y la dificultad que se
tiene para llegar al área rival con alguna posibilidad
de éxito final. Cada vez estoy más convencido
que el diseño de la plantilla es erróneo,
basada en la técnica y obviando la fuerza, con un
perfil de jugador equivocado para el fútbol actual,
poco competitivo y nada ambicioso. Ese diseño lo
han realizado otros, no Víctor Muñoz, a pesar
de que la proverbial verbosidad de uno de esos diseñadores
le permita lanzar balones fuera y ganarse el aprecio de
afición y prensa.
Víctor
Muñoz ha salvado su primer “Match-Point”
con escasa brillantez. Los males del equipo siguen al descubierto
pero al menos el cadáver ha revivido y tenemos de
nuevo a nuestros chicos con vida. Esperemos que esta victoria
sirva como rampa de lanzamiento y que la maltrecha moral
del equipo zaragocista mejore en su ánimo y podamos
ver un crecimiento físico y futbolístico en
sus acciones. Que así sea.
|