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Por Jeremy North
La
furia española versión futbolística.
La leyenda sobre el origen de la furia española procede
de la Olimpiada de Amberes en 1020, en la primera participación
oficial de España en unos Juegos Olímpicos.
Cuenta la leyenda que Belaustegigoitia gritó: "a
mí el pelotón, Sabino, que los arrollo".
Belauste, como era conocido el vasco, controló el
cuero e hizo el gol del triunfo, el 2-1 definitivo, ante
Suecia. Belauste pertenecía al Athlétic de
Bilbao, al igual que Pichichi, el jugador famoso por dar
nombre al Trofeo al máximo goleador de la Liga Española.
Los “leones” de San Mamés eran un ejemplo
de coraje y rasmia, capaces de superar cualquier contratiempo
en base a su enorme capacidad de lucha y a su fe inquebrantable
en sus posibilidades. Pero aunque estamos en otra época
y se ha modernizado hasta la épica futbolera, la
furia sigue cotizando como valor en alza, pero no en todos
los casos…
La noche era muy fría,
y se convirtió en congeladora cuando a los 22 minutos
Lacruz aprovechaba el enésimo regalo maño
venido de las alturas para poner el marcador en franquicia
para los bilbaínos. Desde el comienzo del partido
se percibió que las dificultades iban a ser máximas
para los zaragocistas. El Athlétic mostró
un dispositivo táctico interesante, muy riguroso
en los marcajes, con una efectiva colocación de sus
jugadores, una constante búsqueda de los costados
zaragocistas, y con una perfecta presión en el centro
del campo. Mientras, nuestro equipo volvía a presentar
todo su catálogo de deficiencias habituales en la
presente temporada, incrementado por un enorme aturullamiento
ofensivo. A pesar de la superioridad vasca en el juego,
los chispazos de un inspirado Cani llevaban el peligro al
área rival, pero no sucedió nada reseñable.
El
mal estómago que nos dejó la primera parte
se convirtió en una diarrea tremenda al comienzo
de la segunda, con el gol de Echeberría. El partido
se hubiera perdido sin remisión, pero el inmediato
penalti ¡a favor!, transformado por Ewerthon devolvió
las esperanzas a los blanquillos. La metamorfosis se produjo
pero en sentido contrario y los insectos zaragocistas se
convirtieron en hombres hechos y derechos, que echaron mano
del recurso a la furia para revertir el signo del partido.
Aparte de la furia, otros dos cambios decisivos en el desarrollo
del encuentro fueron la disolución del Athlétic
en su propia ingenuidad, con el orden y la presión
desaparecidas por algún tipo de embrujo desconocido,
y el talento inabarcable de Rubén Gracia, capaz con
sus pases de realizar los deberes inacabados de los medioscentros
y de un Savio depresivo. La remontada fue un hecho, el nivel
del juego zaragocista se elevó hasta puntos no alcanzados
en esta temporada y el sufrido triunfo fue un bálsamo
subyugante para los agotados corazones del equipo y de la
afición.
10 puntos de 12 posibles.
Se ha pasado de un porvenir negro a un amanecer azul en
un mes de diciembre inspirado. El juego ha mejorado ligeramente
y se han aprovechado las magníficas prestaciones
en este período de Cani y de Ewerthon para ampliar
el abanico de posibilidades en la vanguardia. Pero quedan
muchas lagunas que siguen anegando el porvenir cercano zaragocista,
como la perenne debilidad defensiva, un mediocampo superado
siempre por la presión rival, laterales sin capacidad
ofensiva, etc. Víctor Muñoz ha salido con
bien del “match point” que se jugó en
Jerez y en Cádiz, y me alegro, pero sus decisiones
empiezan a abusar de la más absoluta falta de lógica,
con jugadores que juegan en puestos distintos a los suyos
por no emplear a otros de su desagrado, presencia incomprensible
de algunos (Celades) y ausencia lamentable de otros (Movilla).
Aún así, y
a pesar de que los errores se mantienen, invita al optimismo
pensar que en cuanto se subsanen minímamente, con
el valor que demuestran los jugadores de ataque, podemos
pensar en una campaña estimable.
Y...
¡FELIZ NAVIDAD!
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