|
Por Jeremy North
El
mundo del cine es un gigante pleno de sorpresas pero también
de repeticiones. Una de los argumentos más utilizados
en las películas, sean de nacionalidad estadounidense
pero también en el cine francés o británico,
es el del “atraco perfecto”, en el que todos
los preparativos se han realizado para que el resultado
sea la obtención de un puñado de millones,
de dólares o euros, pero siempre existe un detalle
que pasó inadvertido por los malhechores, un testigo
de última hora, una inoportuna desgracia casual o
el natural enfrentamiento debido a la codicia y el afán
por poseer todo el botín. El caso es que habitualmente
ese plan perfecto se queda en una imperfección absoluta
y los cabezas pensantes del atraco acaban en la trena, con
el riesgo que conlleva para su integridad su aseo personal
en las duchas, o directamente en una caja de madera.
Víctor Muñoz no ha diseñado un plan
para atracar las supuestamente mermadas arcas zaragocistas
sino otro de aspecto técnico: jugar las primeras
partes de los encuentros al tran-tran, que se canse el contrario
y con un poco de suerte rematarlo en la segunda parte. Su
planteamiento tiene sus riesgos, basados en la muy posible
superioridad del rival y pendiente de su mortífera
puntería, pero al mister zaragozano le trae sin cuidado,
su mente ha pergeñado el partido perfecto durante
la semana y no va a modificar sus planes por cualquier injusta
adversidad.
Este domingo en Vitoria, frente a un paupérrimo Deportivo
Alavés, colista de la clasificación, el Real
Zaragoza cumplió a rajatabla con el guión
establecido de antemano, realizando una primera parte de
desgaste del raquítico contrario, sin arriesgar lo
más mínimo en ataque y permitiendo que los
vitorianos se envalentonasen, mediante el habitual dominio
del mediocampo y un fútbol mucho más vertical
que el adocenado zaragocista. La seguridad que desprendió
en sus acciones César Sánchez mantuvo en pié
a nuestro equipo y le permitió continuar con su plan
sin más vicisitudes.
La obra de arte que supuso el primer gol de Diego Milito
recién iniciada la segunda mitad debería haber
supuesto un mazazo definitivo para el Alavés y un
dominio absoluto de los maños, pero no fue así.
El Alavés aceleró sus acciones al máximo
y apuñalaba con constancia y vigor la débil
resistencia en el mediocampo zaragocista, pero nuevamente
César y el trabajo ímprobo de la acertada
línea defensiva fueron suficientes para mantener
nuestra portería virgen. La entrada en el césped
de Mendizorroza de Zapater y Movilla fue la puntilla definitiva
para abatir los esfuerzos rivales y el control del balón
fue el preámbulo al absoluto del partido, con otro
gran gol de Ewerthon.
La racha positiva ha colocado al Real Zaragoza en una posición
lejana de los problemas de descenso, en esa zona de nadie
en la que nos sentimos tan a gustito. Los resultados están
siendo magníficos, basados en la resurrección
goleadora de Ewerthon y Diego Milito y en el mejor funcionamiento
defensivo, pero el juego no ha mejorado, sigue existiendo
un déficit importante en el centro del campo, superado
invariablemente por cualquier rival y que provoca inestabilidad
en el conjunto.
Sigo teniendo un pálpito sobre Víctor Muñoz:
cuando peor está haciendo las cosas mejores resultados
obtiene. Es difícil de explicar su cabezonería
con la utilización de Celades y Generelo en el mediocentro,
ambos inferiores en valor y prestaciones a Movilla y Zapater,
salvo que el entrenador sea presa de la superstición.
Resulta casi incomprensible entender el movimiento constante
de puestos de algunos jugadores, como la aparición
de Óscar en la banda, en detrimento de otros que
serían en condiciones normales los sustitutos naturales
de los titulares ausentes. El Sr. Muñoz se está
prodigando en exceso con sus decisiones extrañas,
pero hasta ahora le está acompañando el éxito,
por lo que sólo nos queda desear que siga así
de acertado y como bien dice uno de los dichos tan dichosos
del fútbol “todo está en función
de los resultados”.
|