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Por Jeremy North
¡Qué
tiempos aquéllos de los guateques!. El período
juvenil es maravilloso, todo el vigor y la fuerza de unos
cuerpos en plenitud permiten disfrutar de la vida al máximo,
y uno de los mayores goces era montar una fiestecita en
tu casa o en casa de un amigo o en la casa de quién
sea, comprar un montón de bebida espirituosas, y
conseguir abundante presencia de personas humanas, femeninas
preferentemente. Los tres problemas más graves que
podían suceder eran que se descontrolase el tema
del ruido, que se acabase pronto la bebida y que apareciese
el invitado inesperado para fastidiar el buen rollo general.
En el partido de ayer sucedió algo similar, entre
un invitado plasta y un ataque de modorra imprevisto se
enturbió una magnífica fiesta en la “boite”
de La Romareda.
La primera parte fue, con diferencia, lo mejor que hemos
visto en esta temporada. El Real Zaragoza funcionó
como un reloj suizo de mediocampo hacia la vanguardia, con
sus jugadores en estado lisérgico derribando con
una facilidad monstruosa el basamento bético y arrasando
su fortín. La creatividad sin límites del
mago Rubén fue acompañada por un estratosférico
Sergio García, imparable en sus cambios de ritmo,
de un acertado Óscar y de un resolutivo Diego Milito.
Los aficionados nos restregábamos los ojos ante tanta
belleza futbolística acumulada en tan poco tiempo,
impresionante. El Betis tuvo que agachar la cerviz ante
la enorme superioridad del rival y sólo pudo asomar
el morro con un gol de Dani, un antecedente del posterior
despiste general. Todos, jugadores, técnicos y seguidores
zaragocistas nos prometíamos una tarde de felicidad
completa tras la exhibición primeriza.
Desgraciadamente el sabor de la victoria no resultó
tan dulce. Nuestro equipo apareció en la continuación
en el verde romaredil con una importante galvana y un Betis
remozado por los tres cambios encaró el partido con
decisión, se apoderó del control del balón
y aprovechó su superioridad física y de altura
para colocar un inquietante 4-3. En el juego zaragocista
se desataron los nervios, descontrolados por la negligencia
defensiva habitual que contaminó el hacer del resto
de compañeros. Pero unos cambios acertados de Víctor,
con la entrada de un brillante Lafita, fueron suficientes
para aplacar los renacidos ánimos de los béticos
y el marcador, a pesar de la estrechez de la ventaja y de
la injusta expulsión de Chus Herrero, ya no se movió.
Se ha dudado mucho del trabajo de Víctor Muñoz,
y se sigue dudando, es ley del fútbol, lo que para
uno es rosa para el otro es negro. Es muy posible que su
labor al frente del equipo técnico del club de sus
amores compartidos nunca sea reconocida, es complicado ser
profeta en su tierra, pero a pesar de sus errores y cabezonerías,
también es innegable que ha construido un equipo
correoso, difícil de batir y con un afán atacante
irreductible, al menos en La Romareda. Tras varios años
de absoluta sequía en cuanto al fútbol de
algún quilate, hemos pasado a ver partidos intensos
y con abundantes goles. Ese motivo tendría que bastar
para que los buenos catadores de fútbol apreciasen,
aunque sea mínimamente, la labor de Víctor
Muñoz.
La semifinal de Copa del Rey ya llega, nuestro Torneo favorito
está presto para darnos otra enorme alegría,
pero… el Real Madrid está en muy buena forma
y es el favorito, vamos, el mismo panorama que en la final
gloriosa de Montjuic. A disfrutar.
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