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Por Ron Peter
Sin
duda vivimos tiempos agitados. No es normal para ningún
equipo atravesar un mes y medio como el que ha pasado el
Real Zaragoza, que ha ido lanzado a toda velocidad en un
bólido llamado Copa, del cual ha tenido que bajarse
casi sin frenar para no perder el tren de la Liga, que rueda
de forma lenta (o eso nos parece ahora) pero constante.
Durante estas últimas semanas, nuestro equipo ha
tenido la ocasión de codearse con los grandes del
fútbol español, tuteándolos y en algún
caso, humillándolos. Se ha subido al carro de los
equipos de moda, llenando páginas de prensa en el
mundo entero, llamando con fuerza a las puertas de los poderes
mediáticos, muchos de los cuales, como marionetas
drogadas por el opio de Madrid y Barcelona, no han sabido
reaccionar con propiedad ante el arrasador empuje de nuestros
colores. La Copa es así: un torbellino en el que
el Real Zaragoza se mueve como el danzarín más
avezado, mordiendo desde lo inesperado, obteniendo fruto
allá donde le decían que no había,
venciendo y convenciendo, hasta el punto de ganarse el acceso
a la finalísima de la Copa de Su Majestad el Rey
de España.
La Copa nos deja además
la sensación de que este equipo, que empezó
como un titubeante conjunto de retales, ha cuajado y ha
sabido dar ese salto que aleja de la mediocridad, lanzando
de paso a algunos de sus jugadores a obtener un merecido
reconocimiento incluso a nivel internacional. El exceso
de partidos jugados en poco tiempo tiene la ventaja de que
los jugadores alcanzan un buen ritmo de competición,
aunque puede también conllevar un desgaste que esperemos
se produzca lo más tarde posible. En cualquier caso,
hay jugadores que aún pueden decidir en esta temporada
y que en un momento dado podrían tomar el relevo.
Jugadores como Cuartero, Movilla, Generelo, Sergio García
y sobre todo, Savio.
En su retorno a la competición
liguera, el Real Zaragoza visitaba al antaño difícil
Deportivo de La Coruña, donde arrancó un punto,
al igual que hiciera en Pamplona. En la primera parte el
equipo jugó bien, con las ideas claras, y consiguiendo
adelantarse en el marcador. Pero no pudo o no supo imponer
su ritmo durante todo el encuentro. Más allá
de las lecturas individuales sobre jugadores o árbitro,
hay una cosa que parece definir a este Real Zaragoza. A
ratos parece un castigador implacable y a ratos se parece
a un doncel tan confiado en la virtud de su amante que inevitablemente
acabase su frente adornada de córneos aditamentos.
El esquema de ganar ventaja para luego administrarla en
el tiempo, se ha repetido en muchos partidos en liga y en
los dobles enfrentamientos coperos. A veces sale bien, a
veces sale mal.
¿Qué puede
pasar a partir de ahora? Contrariamente a lo que piensan
algunos, en liga todavía hay mucho pescado por vender.
Los 6 puntos que de momento nos separan de los puestos UEFA
no son nada frente a los 42 que quedan por competir. No
hay que dejarse llevar por el desánimo ante la aparente
escasa velocidad de ascenso en la tabla. Hay que ver lo
positivo que tenemos, y es que tenemos un conjunto capaz
de ganar a cualquiera. Se habla ya de una nueva quinta,
de esas que aparecen cada cierto número de años.
Quizás aún sea pronto para ello, pues su irrupción
en escena ha sido tan reciente como fulgurante.
Algunas
de las cosas que le hemos visto hacer al Real Zaragoza en
los últimos partidos han sido de lo mejor que se
ha visto por aquí en la última década.
Y si lo han hecho una, dos o tres veces, tienen que ser
capaces de repetirlo. Es cuestión de que el entrenador
y los jugadores puedan acoplar esa potencialidad al ritmo
de la liga, y trasladar a esta competición el respeto
obtenido en el torneo copero. En nuestra memoria está
ese Zaragoza campeón de Copa de la 93/94 con esos
6-3 al Barcelona, 6-1 al Tenerife, 4-1 al Real Madrid y
al Rayo Vallecano, 3-0 al Valencia, al Sporting, 0-4 al
Atlético, etc…Ese equipo, que ganó su
Copa, era temido, goleaba y encima jugaba bien al fútbol.
Ahí quedaron sus éxitos como ejemplo para
el futuro.
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