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Por Jeremy North
“Con
las horas contadas”
es una película americana de serie “B”
o “C”, de finales de la década de los
cuarenta del siglo pasado, en la que se contaba de forma
concisa y con imaginería expresionista la historia
de un hombre (Edmond O ´Brien), que irrumpe en la
jefatura de policía para denunciar un asesinato del
que confiesa ser la víctima, ya que ha sido envenenado
y él es consciente de ello. El comisario que le atiende
no puede creerse lo que está oyendo pero, a través
del relato que le cuenta el futuro fiambre, advierte que
la presunta locura que en un principio parecía indicar
el individuo no es tal, pues la historia es totalmente coherente
y, si es cierta, puede estar suelto un asesino. El final,
aunque conocido, sigue siendo desgraciado, y el camino de
descubrimiento del autor de un homicidio, en este caso futbolístico,
es el que tiene que emprender la Real Sociedad, enferma
de muerte. Estamos ante un caso similar al que tuvimos que
soportar en la temporada 2001-2002 con nuestro Real Zaragoza;
sabemos que la enfermedad es mortal pero ¿quién
nos suministró el veneno?.
El partido tuvo un comienzo horrible para el Real Zaragoza,
una internada con centro de Recarte, aprovechándose
de la ineptitud cum-laude de Toledo, fue rematada a placer
por Nihat, ante la displicencia del centro de la defensa
y de César. La Real Sociedad tenía el marcador
en ventaja, pero, con una desconfianza absoluta en sus posibilidades,
dio varios pasos hacia atrás y el Real Zaragoza se
hizo dueño del tiempo del partido casi sin proponérselo.
Aún así su dominio fue insulso, sin chispa,
adocenado, sólo Ponzio desde la banda derecha buscaba
la profundidad, un argumento muy triste para dar la vuelta
al marcador. La inercia del juego lleva a tener oportunidades
y Ewerthon tuvo dos clarísimas, muestra inequívoca
de que el partido se podía ganar con más intensidad
y fortuna.
El soso monólogo zaragocista de la primera mitad
se convirtió en una sesión excepcional del
“Club de la Comedia” en la segunda. La entrada
de Cuartero por Delio selló la banda izquierda y
acabó con las aspiraciones de Recarte y por ende,
de la Real Sociedad. Se empezó a tocar el balón
en el mediocentro con más criterio y profundidad
y la aparición de Cani, desaparecido hasta el minuto
54, fue decisiva, con su maravillosa asistencia a Ewerthon
en el gol del empate. La losa que le cayó encima
a la Real fue de un grosor excepcional y ya no se pudo levantar
(si alguna vez consiguió estar de pie), y los zaragocistas
acabaron su faena con contundencia irreprochable y con los
goles de Óscar y de nuevo Ewerthon sentenció
el partido.
El encuentro de ayer proporcionó muy buenos argumentos
para estar confiados en el devenir del Real Zaragoza construido
por Víctor Muñoz. Sigue adoleciendo de escasa
profundidad, sobre todo si los medioscentros no pueden conectar
con las bandas, pero en cambio ha perfeccionado su entramado
defensivo, es complicado para los contrarios superar nuestra
retaguardia por el solidario trabajo del resto del equipo.
Las sensaciones más urgentes y positivas proceden
de la letal conexión en los trescuartos de cancha,
por la magnífica disposición de los “creativos”
maños y el vigor y el acierto de unos delanteros
en racha. La base para el crecimiento en esta Liga se tiene,
en Anoeta se sacó adelante un partido complicado
con profesionalidad, rigor y buen hacer, y un equipo se
convierte en grande cuando lo difícil lo hace fácil
y consigue el éxito en su objetivo inicial con frialdad
aparente, sin motivos personales.
Savio: Vuelve, y esa es la gran noticia.
La jugada que realizó en las postrimerías
del partido fue de muchos quilates y demostró además
una rabia y unas ganas enormes de tener participación
decisiva en lo que resta de temporada, la fase más
importante. Es el mejor jugador de nuestro equipo y a pesar
de las vicisitudes de esta temporada tiene un puesto fijo
en el once titular, y pienso que ha llegado su momento.
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