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Por Jeremy North
Los
“profesionales” son una clase aparte. El cine
nos ha ofrecido muchos ejemplos de este tipo de trabajadores
bien remunerados, que realizan la empresa para la que han
sido contratados con presteza y sobriedad, y la eliminación
del sujeto se efectúa con contundencia silenciosa,
por lo que el cliente siempre queda satisfecho. Estos profesionales
suelen ser individuos taciturnos, absortos y meditabundos,
con escasa vida social y mucha vida interior. Hasta en algún
caso, como el interpretado por Forest Whitaker en “Ghost
Dog”, su actividad aparte de sus “trabajos”
se centra únicamente en asuntos tan extraños
como la colombicultura. Los futbolistas son también
profesionales y están bien remunerados, pero en bastantes
ocasiones no hacen bien su trabajo.
Difícilmente en lo que resta de temporada se podrá
encontrar el Real Zaragoza con un rival tan flojo. El Rácing
es un modestísimo equipo, con jugadores de vuelta
del fútbol y algunos de nivel técnico ínfimo,
aunque muy bien trabajado desde el banquillo por Manuel
Preciado, pero sólo pueden mostrar actitud y garra,
y esas cualidades fueron suficientes para aguantar los débiles
envites zaragocistas del primer tiempo, que fue un pestiño
insoportable, de juego imposible, de balonazos insufribles
y sólo el buen hacer del imprescindible Savio podía
salvarse entre tanto sinsentido. A pesar de todo los maños
tuvieron cuatro oportunidades de gol clarísimas,
pero la conjunción del acierto de un magnífico
Aouate y el desacierto de Sergio García y Diego Milito
dejó las tablas invariables.
La superioridad de nuestros jugadores en la segunda parte
fue apabullante. La presencia de Ewerthon en la vanguardia,
la resurrección de Cani y el buen trabajo de Movilla
fueron señales inequívocas de un dominio avasallador,
con un Rácing equivocado, que intentó dar
un paso hacia delante y sólo consiguió que
se abriese un socavón en su frágil estructura.
La diferencia entre las dos mitades fue el juego, pero se
mantuvo la contumacia en la negación ante el gol,
con Aouate transformado en un héroe totémico
y gigantesco. Incomprensiblemente, en los últimos
diez minutos el equipo bajó la guardia, se montó
en el tren hacia ninguna parte que tanto le gusta tomar
y sufrió un par de embestidas de los santanderinos,
que tuvieron el justo premio del cero en el marcador, otro
resultado hubiese sido un castigo ilógico.
El fin justifica los medios. La temporada en el torneo liguero
pocas alegrías nos puede ofrecer, no existen objetivos
posibles de obtener y vamos a transitar en las calmadas
aguas de la zona media de la tabla. Por ello me parece un
acierto que Víctor Muñoz haga rotaciones para
tener a todos los jugadores de la plantilla en tensión
con vistas a la Final de Copa, porque consigue transmitir
a todos que su papel es importante y que tienen posibilidades
de jugar.
Un lamento: tengo una sensación
de tristeza general por el transcurso del curso liguero.
No estoy viendo equipos superiores al Real Zaragoza; salvo
el intratable líder azulgrana, el resto ha sido de
un nivel igual o inferior a nuestro club. Y el lamento proviene
de esa irregularidad de la que no podemos liberarnos, de
ese conformismo que aparece en los momentos más cruciales,
cuando se debe dar el salto adelante y asaltar la entrada
en la Champions League. Tenemos un equipo joven y con presente,
existe calidad y fuerza, con defectos en defensa pero con
virtudes sustanciales de mediocampo para adelante, pero
falta convicción, esa actitud ganadora basada en
la constancia y que convierte a un equipo en grande. Qué
lástima que cuando somos grandes en calidad, no lo
somos en actitud, pero todo llegará y pronto veremos
a los grandes de Europa en la nueva Romareda.
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