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Por Ron Peter
Hace
ya muchas semanas que el Zaragoza no levantaba cabeza en
un campo de fútbol, antes ya de la desdichada final
del día doce de abril. Faltando ya tan solo dos partidos
para terminar la temporada, parecía que la resurrección
“entre comillas” había que ir dejándola
para después del verano. Una sensación de
final de curso anticipado, de finiquito acelerado de pretensiones,
de clausura de todo tipo de iniciativa, se había
adueñado de todo el entorno hasta el punto de renunciar
a rellenar el vacío de partidos de después,
con una gira que no hiciese tan largo el periodo no competitivo
en este verano de mundiales. Parecía que todos querían
largarse pronto a casa, a olvidar y a sanar heridas.
Pero aún quedaban por apurar los rescoldos de la
liga, y el fútbol siempre tiene algo que ofrecernos.
Cuando para un equipo no queda nada en juego, salvo los
maletines fantasma que nadie jamás ha visto pero
que a todos fascinan (¿para cuando un especial de
Iker Jiménez sobre el tema?), siempre te queda el
consuelo de ver a once hombres de los tuyos a ver jugar
simplemente al fútbol. A diferencia del Zaragoza,
al rival sí le iba la vida en el partido, pero en
ningún momento lo pareció. Se mostró
como un equipo blando, que generó alguna jugada de
riesgo, pero sin crear en ningún momento demasiados
agobios a la portería de César.
Pudo haber sucedido como en anteriores partidos, pero en
esta ocasión, la habitual pifia en defensa no se
encontró con el habitual acierto del rival, y no
se produjo ese gol en contra. El Zaragoza marcó primero,
y remató después. Fue una victoria quirúrgica,
que supone más llanto para el Alavés que alegría
para nosotros, pero una victoria al fin y al cabo, necesaria
para no seguir menoscabando más la dignidad y la
paciencia de todos. El equipo hizo lo que tenía que
hacer, y el público lo agradeció en esta tarde
de despedidas y homenajes.
Savio, que llegó un día de verano de 2003,
se instaló pronto en el devocionario zaragocista:
“habló la escopeta de Savio, como diciendo:
me queríais para ser decisivo, pues...¡toma!.
“(La lupa, 2003-04, jornada 3, Real Zaragoza-Murcia)
Desde entonces, el brasileño se erigió como
un adalid del equipo, asumió su papel, y fue capaz
de encandilar a todo el estadio con sus jugadas. La temporada
2004-05 fue suya:
“Savio Bortolini: gran profesional, un artista
del fútbol, con el que tenemos la suerte de contar
en nuestro equipo. Estamos de enhorabuena por ser habituales
partícipes como espectadores de su arte.”
(La lupa, 2004-05, jornada 1, Real Zaragoza-Getafe).
“A veces, en la vida, te encuentras en apuros,
y te sientes incapaz de salir por ti mismo. Es en esos momentos
cuando hay que recurrir a alguien que no te falla. Cuando
no sepas que hacer...pásasela a ÉL, pásasela
al bueno del equipo,...pásasela a SAVIO. Él
sabrá qué hacer con la pelota”.(La
lupa, 2004-05, jornada 18, Real Zaragoza-Betis)
“Savio es el mejor. Pertenece a esa casta de jugadores
que siempre son necesarios en un equipo con pretensiones.
Su impresionante gol es una cuenta más de un rosario
de goles y buenas jugadas que nos pone difícil a
todos, decir que aún no es el mejor jugador que ha
vestido nuestra camiseta en toda la Historia”.(La
lupa, 2004-05, jornada 31, Mallorca-Real Zaragoza)
El domingo asistimos al último partido de Savio en
La Romareda. Fue Savio hasta el final. Si se ganó
fue en gran parte gracias a él, que tiró del
carro con esa avaricia sana que tienen aquellos que, además
de jugar al fútbol, disfrutan con él. Fue
hermoso verle transformar un penalti que él mismo
se había fabricado, y fue mucho mejor verle a hombros
de la cuadrilla, como un torero saliendo por Puerta del
Príncipe. Pocas veces se tiene la ocasión
de ver la despedida a un gran jugador sin haber llegado
su decadencia y sin sentir su marcha como una traición
o un desdén. Como grande que es, supo responder al
público dando la vuelta al ruedo.
La Romareda, que ayer te aclamó, llorará por
ti algún día, como Argentina dicen que hizo
por Evita. Sucederá cada vez que tengamos tardes
aburridas, cada vez que el equipo se muestre incapaz de
hilvanar jugadas, cada vez que no sepamos cómo superar
las espesuras. Por el Real Zaragoza han pasado grandes jugadores,
que han hecho historia y que se han quedado para siempre
en la memoria popular. Savio ha sido, fue, uno de ellos.
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