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Por Jeremy North
En
la Prehistoria existieron unos cuantos útiles que
fueron usados por los ancestros del homo sapiens-sapiens
para cortar sus alimentos. Los más antiguos conocidos
son el Chopper y el Chopping-Tool, que ya existían
en el 1.800.000 a.C., cuando se descubrió el yacimiento
de Olduvai, en África. Pero el más conocido
era el bifaz, definido por la Real Academia de la Lengua
Española como “útil lítico de
forma más o menos almendrada, tallado por sus dos
caras y con aristas cortantes, característico especialmente
del Paleolítico Inferior y Medio”. Evidentemente
Víctor Fernández, con su aspecto de galán
de alta comedia, no tiene mucha similitud con el Homo Antecesor
atapuerquiano, pero parece un experto tallador muy hábil
en el uso del bifaz, puesto que ha construido un equipo
cortante y con dos caras.
La primera parte del partido contra el Betis fue un gran
espectáculo, con un Real Zaragoza febril, que entre
espasmos telúricos avasalló a los sevillanos
con el mejor fútbol que hemos visto en tiempos. Con
un Aimar totémico, con el “Ciclón”
ejeano Alberto Zapater eliminando toda proyección
ofensiva bética y con Diego Milito rompiendo redes,
era absolutamente imposible que el marcador no mostrase
tanta superioridad. Estaba jugando nuestro equipo casi soñado:
ante un Betis menos flojo de lo que pareció en el
césped, se presentó una defensa relativamente
segura (el “casi” viene por esta línea),
en donde sobresalió el gran Gaby Milito, recuperado
para la causa; un centro de campo creativo y luchador y
una delantera rápida y goleadora. La justa expulsión
de Edú, por un codazo a Juanfran, dejó el
camino expedito al Real Zaragoza para golear de forma impenitente
al sufrido Betis.
Pero no. Víctor Fernández realizó un
cambio que transformó la máquina de fútbol
en un trasto inservible. La sustitución de Pablo
Aimar por un desaparecido Óscar equilibró
el encuentro, coincidiendo con dos acertados cambios de
Irureta: la aparición de Vogel y Capi pobló
su centro del campo de jugadores de corte y toque. La increíble
superioridad numérica del Betis en el centro convirtió
a los zaragocistas en títeres patéticos y
el fantástico gol del brasileño Robert puso
los nervios a flor de piel. El dominio bético fue
abrumador, pero bastó el fenomenal partido de Gaby
Milito, que suplió con su colocación y contundencia
las fallas de sus compañeros de retaguardia, para
controlar las embestidas rivales y acabar el partido con
una justa pero inexplicablemente sufrida victoria.
Tenemos 13 puntos y las cosas marchan a pedir de boca, por
eso es mejor apuntar modestamente los posibles errores al
Mister del Barrio Oliver cuando el barco ha cogido velocidad
de crucero. No hace falta seguir el libreto de sus instrucciones
siempre al pie de la letra, si el contrario decide poblar
el centro del campo y se hace con el control del juego,
se puede sustituir un hombre ofensivo, como fue el caso
de D´Alessandro, por otro centrocampista de toque
o de fuerza, como Movilla o Ponzio; el libro de estilo ya
se ha editado pero se pueden hacer fe de erratas cuántas
sean necesarias, el público de La Romareda es posible
(no seguro) que lo hubiese entendido. Este equipo sin el
balón en su poder deambula vagamente por la hierba,
sin juego ofensivo alguno, por lo que en ocasiones es preciso
doblar los esfuerzos en la zona ancha en detrimento de una
fantasía ya perdida, sea por el cansancio, sea por
el esfuerzo del contrario.
Nos espera el Atlético de Madrid en Manzanares, la
primera gran piedra de toque para conocer si nuestro Real
Zaragoza es un gigante dolomítico con las botas bien
puestas o tiene los pies de barro. Ha llegado el momento
de dar el salto definitivo a las primeras posiciones de
la Liga, aquellas que no hemos vislumbrado ni de lejos desde
la temporada 1999-2000. Este Real Zaragoza ilusiona, pero
hace falta un mayor ejercicio de realismo, incluido en su
entrenador, de ideas inmejorables que las lleva a la práctica
con acierto pero a veces con cierto estatismo en sus decisiones.
Pero vamos bien, jolín, muy bien.
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