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Por Gualterio Malatesta
Sherlock Holmes, el más famoso genio de la investigación deductiva, nació, según la pluma de su creador, Sir Arthur Conan Doyle, el 6 de enero de 1.854, pero poco sabemos de él hasta 1.881 año en el que conoce a su compañero de fatigas, el Doctor Watson y fija su residencia en el 221 B de la londinense Baker Street. Su filosofía investigadora se basaba en una frase que se ha hecho mundialmente famosa: “una vez descartado lo imposible, lo que nos queda, por improbable que parezca, debe ser la verdad”.
Obviamente no era imposible, puesto que sucedió, pero nadie puede negar que la menos probable de las probabilidades era que el Real Zaragoza le ganara ayer al Sevilla. Por todo: por colocación, por oportunidades, por actitud, por fuerza, por ganas de ganar. Pero lo cierto es que la demoledora efectividad del Real Zaragoza que anotó dos goles de dos tiros a puerta dejó en el marcador un resultado cómo mínimo sorprendente y en mi modesta opinión, carente de toda lógica y puede que hasta de justicia, pero el fútbol no es justo, para regocijo de una, ayer ya de forma evidente, nerviosa y preocupada afición blanquilla.
Lo cierto es que la cosa no funciona, para qué vamos a engañarnos. Las razones me resultan hoy sí, bastante más evidentes que antes de ayer. Las pruebas están ahí y la victoria ante los hispalenses no debe servir cómo venda que nos impida ver que tuvimos mucha, pero mucha suerte y no merecimos ganar.
Algunos, entre los que hasta ayer mismo me incluía, dicen que el rombo no funciona. Es decir, la culpa del mal funcionamiento es del sistema táctico que está intentando imponer Víctor. Desconozco si es el sistema el que falla porque los jugadores no son los adecuados y se está intentando dar preferencia al sistema sobre la plantilla o es el mismo sistema el que no da buen resultado, extremo este último que me cuesta creer, pues evidentemente en otros equipos y con otras plantillas, el sistema funciona y ha funcionado. Quizá falta calidad para ese sistema, quizá todavía no le hemos cogido el tranquillo, quizá no se puede jugar por la banda sin jugadores de banda…
La teoría era realmente simple. La defensa es peor que la del año pasado y comete errores graves un partido sí y otro también, sea por que aún no está conjuntada, sea por la falta de calidad de algunos de sus componentes. Es por ello necesario poner una línea de contención en el centro del campo que al menos impida que los equipos contrarios lleguen a nuestra área en oleadas cómo sucedió en la infausta noche del Nou Camp. Pero eso tampoco funcionó. A pesar del doble pivote, el Sevilla seguía llegando con desesperante facilidad y Sergio, que cuajó un buen partido, mal escoltado por un Pavón muy fallón que se come casi todas en cada intento de anticipación que realiza, no pudo pararlo todo. Sólo el increíble desacierto de los sevillanos impidió que el Real Zaragoza encajara ayer varios goles. Mención a parte merece un cumplidor Luís Carlos cuartero, el gran Capitán, que volvió al once titular y cumplió sobradamente, haciendo que nadie se acordara del desconocido Diogo de esta temporada. El rombo no es, por lo tanto, el problema, puesto que el doble pivote tampoco funcionó.
La siguiente teoría, que creo que puede ser verdadera en buena parte, es la mala preparación física de la plantilla. Fue mala el año pasado en el último tramo de la liga, al que llegamos pidiendo la hora y está siendo mala en el comienzo de esta temporada en el que estamos a años luz de la preparación de otros equipos. Esta posible causa debería ser descartada si se supone que todos hacen lo que deben y saben lo que hacen, pero desgraciadamente no podemos descartarla porque algo de eso hay… Lo que ocurre es que, en un intento, espero que no cegato, de ser optimistas, supondremos que se solucionará y tarde o temprano la forma física será la lógica y la exigida sobre todo para los jugadores que se incorporaron en el tramo final de la pretemporada casi sin descanso por sus compromisos internacionales. No descartaremos este problema de momento, pero esperemos que sea pasajero y este año acabemos en forma a costa de haber empezado deshechos.
Otra posible razón, de la que me confieso adepto desde ayer, es que Víctor se está equivocando en su planteamiento. Jugamos cómo si tuviéramos que demostrar algo, cómo si quisiéramos decirle al mundo que el “jogo bonito” sólo se hace a orillas del Ebro. Jugamos con dos delanteros centro y en la práctica con tres delanteros (Milito, Oliveira y Aimar) que puede que sea una fórmula explosiva para el ataque pero que cuándo se está siendo arrasado por el contrario y cuándo no llegas arriba, no sirve. Así de simple. Oliveira y Milito no combinan. Ayer no lo hicieron ni una sola vez. Y lo que es peor, no presionan, no ayudan en defensa y en casi todas las jugadas se limitaron a mirar cómo el Sevilla llegaba con enorme ventaja a las cercanías de nuestra área. Para más INRI nuestra supuesta gran estrella se une al club de la vagancia y la ausencia y Aimar no baja, no ayuda y ayer se plasmó de forma evidente en la enorme comodidad con la que los jugadores del Sevilla entraban por nuestro carril izquierdo. Todos nos dimos cuenta y hasta Luccin tuvo que encararse con Aimar para exigirle que ayudara en defensa.
A la hora de la verdad estamos jugando con un centrocampista menos que el año pasado y con un centrocampista menos que los otros 19 equipos de primera división y eso se paga. ¿Soluciones? Elemental querido Watson. Habrá que jugar con un delantero menos. De hecho ayer se mejoró ostensiblemente con Aimar y Diegol solos arriba y con una centrocampista más (D’Alessandro). Otra posible solución es quitar a uno de los dos delanteros centros para poner a Sergio García, que está en un estado de forma y de acierto envidiable y que además, ayuda, corre, presiona y tapa las subidas de los defensas rivales. Es sin duda mucho más solidario con el equipo, aunque tanga a priori menos gol.
Quiero considerar cómo imposibles otros problemas, cómo la falta de actitud, las divisiones dentro de la plantilla, o la sobrevalorada supuesta calidad de algunos de nuestros jugadores. Ahora ya creo tenerlo claro. Menos lobos caperucita y más lógica. No nos creamos mejores que nadie. Nadie juega con dos delanteros centro, así que seamos prácticos y juguemos cómo todo el mundo. Los experimentos se hacen con gaseosa.
Sólo un deseo, que el jueves eliminemos al Aris y el domingo ganemos con comodidad al Levante de Savio. Quizá con esas dos aspirinas nadie recuerde después la crisis y el mal comienzo de esta temporada. Quizá no sea tan fácil, pero lo cierto es que parece sencillo. Basta con un pequeño ajuste. Ojalá sea cierto, por que las opiniones, ya se sabe, son cómo los culos. Todo el mundo tiene uno.
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