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Por Jeremy North
“El rival más débil” era un programa de origen británico,
basado en un juego de preguntas y respuestas, en el cuál
un grupo de desconocidos debía trabajar en equipo; ronda
a ronda, y su objetivo consistía en acertar el mayor número
de preguntas dentro del tiempo límite, pero sólo uno de
ellos sería el ganador, llevándose a casa el premio efectivo
mientras el resto de los concursantes se llevaba nada, absolutamente
nada. Una de las más importantes características era que
el programa lo conducía una señora, vestida de negro y con
muy mala uva, que se dedicaba a realizar comentarios hirientes
sobre la capacidad intelectual de los pobres concursantes.
Si el Levante hubiese participado en un programa de “El
rival más débil” hubiese recibido esa calificación por el
resto de sus compañeros, porque peor no se puede jugar al
fútbol.
El partido era de alto riesgo, no por peligro en el orden
público, sino por la desgraciada antesala de la eliminación
en los albores de la Copa de la UEFA. La victoria era la
única salida, cualquier otro resultado no era opción. Pero
el rival era el más adecuado para restañar los cardenales
que nos dejó el Aris. Desde el comienzo del partido y salvo
un aviso cabeceril del gigante Riganó y alguna descoordinación
defensiva, se vislumbró que el Real Zaragoza iba a ser muy
superior y así fue. La mala puntería de Diego Milito fue
decisiva para que la primera parte no acabase con un marcador
a favor, pero el fútbol zaragocista, a pesar de su falta
de constancia y de cierta inconsistencia, producía muchas
ocasiones de gol. El fenomenal trabajo de Sergio García
en los desmarques y de D´Alessandro en los balones profundos
y en el regate eran suficientes para crear un clima de espanto
entre los espantosos defensas levantinistas.
Y en la continuación se hizo la luz. Tanta acometida atacante
y tan poca oposición acabaron por congeniar en la normalidad,
que era la llegada de los goles zaragocistas, conseguidos
por Sergio García y por Oliveira “el Killer”, chupón y poco
participativo en el juego pero definidor como pocos.
La victoria balsámica llegó y aparca la crisis desencadenada
por el flojísimo comienzo de temporada y en especial por
la eliminación europea. Los síntomas de mejoría fueron evidentes,
pero tendremos la duda, también evidente, de si son origen
del trabajo del equipo o de la enorme debilidad del contrario.
Esa incertidumbre se despejará en los dos próximos y decisivos
partidos, contra Atlético de Madrid y Villarreal, rivales
directos y no “débiles” y que mostrarán el verdadero pulso
del Real Zaragoza. |