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Por Ron Peter
No llegaba en buen momento este duelo entre los dos entrenadores
aragoneses de nombre Víctor. Para ninguno de los
dos. Ambos han sido muy relevantes en la Historia del Real
Zaragoza, pero hoy sólo uno de ellos representaba
a nuestro equipo, y no fue el que se llevó el gato
al agua. Era un encuentro muy importante, con tres puntos
muy necesarios para intentar salir de esta dinámica
de crisis en la que estamos inmersos desde hace un mes,
pero no se supo o no se pudo sacar adelante. Fue, una vez
más, un muestrario de los males últimamente
observados en el equipo: falta de carácter, de velocidad,
de fuerza, lo que se tradujo en una inoperancia y en una
incapacidad para sobrellevar las contrariedades.
Cuando se habla de falta de carácter, no quiero decir
que salgan los jugadores a tumbarse, no. Es cierto que corren,
que luchan, que pugnan los balones, pero no al nivel que
se exige en Primera División. Siempre parecen lentos,
siempre parece que llegan tarde, que no están concentrados,
que no tienen miedo a la derrota ni afán por la victoria,
siempre un punto por debajo de los rivales ¿Por qué
jugadores desconocidos o desechados de otros equipos, con
nombres tan honrados como Cáceres, Martín
o Camuñas, parecen fornidos y ágiles gladiadores
al lado de los nuestros, famosos, sobrevalorados y excesivamente
bien pagados?
El Zaragoza no empezó mal, controlando fácilmente
el partido ante un Recreativo bastante incapaz, llegando
incluso a aprovechar Diego un uno contra uno para marcar
un gran gol. A partir de aquí, los problemas. Tal
y como ya hemos visto en otras ocasiones, el equipo no supo
proteger la ventaja. Otro fallo defensivo en cadena, y el
empate en tres minutos. Luego, el penalti, en el que César
hace lo más difícil, que es detener el tiro,
para después asistir impotente a la actitud expectante
mostrada por los que se quedan al borde del área.
Simplemente intolerable. Aún así, quedaba
toda una segunda parte por delante para remontar, y nada
de ello fue suficiente. Yerma posesión de balón,
angustia mía, que duro es saber qué hacer,
sabiendo o sin saber, que no es sino felonía, no
ofrecer el corazón.
Se habla mucho del entrenador, pero su responsabilidad,
que no es poca, cubre áreas como la estrategia –una
filosofía de acciones a largo plazo- y táctica
–desarrollo de esas acciones en momentos puntuales-,
así como la motivación sicológica de
los individuos, por si el sueldo no fuera suficiente, y
temas como la preparación física, que cubre
aspectos como la fuerza, la resistencia o la velocidad.
Y si bien nada de esto va bien, lo cierto es que, además,
siguen apareciendo los errores puntuales a nivel individual.
No sé si las responsabilidades del entrenador llegan
hasta ese punto. Creo que no, pues los jugadores son todos
mayorcitos, y no son piezas de un futbolín. En otros
tiempos, en situaciones como esta, los aficionados viejos
gritaban desde las gradas; “menos millones y más
cojones”, y también apelaban a subir a canteranos
a partirse la cara con los rivales y de paso a quemarles
el culo a los acomodados. Desgraciadamente, y en esto también
hay que achacarle a Victor parte de culpa, la cantera ahora
no puede ayudarle mucho.
Así y todo, la luz del entorno zaragocista se torna
crepuscular. Como si fuera un viejo amor revenido que de
nuevo se extingue, la ilusión que nació con
la venida de Victor Fernández “el deseado”,
empezó a quebrarse ya hace algún tiempo. Además,
día a día, tras cada nueva decepción,
tras cada resurrección que no llega, van cayendo
los apoyos que aún le quedan. Independientemente
de un eventual cambio en el banquillo, ha llegado para todos
el momento de un replanteamiento de la temporada. No podemos
vivir con unas expectativas inciertas ni quiméricas.
Hay que ser realistas y saber dónde estamos, y lo
que es peor, hacia dónde vamos. Un equipo que se
diseñó para luchar por puestos europeos, es
posible que se vea abocado a intentar no pasar apuros al
final de la temporada. No podemos dejar pasar el mercado
de invierno sin mover ficha. Apelar a los canteranos a la
heróica, esperar recuperaciones de los lesionados,
nuevo entrenador o nuevos fichajes, pero sobre todo, es
necesario un cambio de expectativa en nuestros objetivos.
Si seguimos pensando en que así vamos a Europa, nos
ahogaremos sin remedio.
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