La Liga del fín del mundo | La Lupa

Real Zaragoza 0 – 1 Valladolid

Un año más, comienza una nueva temporada en la Liga Española de fútbol. Un año más, se moviliza la ilusión por lo recién iniciado, se renuevan las esperanzas, se parte de cero. Todo esto sería muy bonito si realmente fuera un año como otro cualquiera. Pero pudiera no ser así. Pues pudiera ser esta la última liga disputada en la Historia: ¡la liga del fin del mundo!

En efecto, mucho se habló hace unos meses sobre la extraña convergencia que se estaba produciendo en diversas profecías que anticipaban la llegada de un posible apocalipsis o fin de los tiempos. A las fuentes, ya clásicas, del Armaggedon bíblico, o la de San Malaquías y Nostradamus, con sus cuartetas y sus presagios sobre la extinción del Papado en Roma, vinieron a sumarse nuevas interpretaciones provenientes de culturas indias y mayas, así como diversos testimonios de videntes menores.

Así las cosas, al fin del mundo le fue incluso asignada una fecha: el 21 de diciembre de 2012. Más o menos, ahí por el final de la primera vuelta. Y ya sabemos que tipo de primeras vueltas nos ha hecho pasar últimamente nuestro equipo. Pues estamos apañados si queremos hacer una despedida honorable, dadas las circunstancias.

Volvamos, si queremos mantener la cordura, a nuestro mundo más prosaico y gañán, a pensar que tal cosa no sucederá y que, después de todo, solo son elucubraciones de unos iluminados muy creativos a la hora de interpretar textos confusos. Volvamos a hablar de fútbol y de ese primer partido disputado en La Romareda, en horario impío, de campanadas a medianoche, en un estadio vacío de ancianos y de niños.

El Real Zaragoza afrontaba su primer partido de valor, tras un verano de cambios institucionales en el club, con Manolo Jiménez como adalid y cara visible del Proyecto, honores que la afición le otorgó tras la proeza ya nunca olvidada de la salvación imposible que se recuerda con respeto, admiración y por qué no decirlo, pasmo o estupor. Tras aquello, se encontró con la necesidad de rediseñar el equipo. Y eso, no es solamente fichar caras nuevas. Es el primer paso, sí, pero de ahí a crear un equipo conjuntado, solidario y eficaz, media un trecho. Hará falta tiempo y paciencia.

No esperamos ya desde las gradas un equipo brillante, pero sí al menos un espíritu de lucha que permita ser eficaz y establecer una dinámica positiva. Lamentablemente, hoy en día, hay muchas carencias. Quince minutos duró el equipo. No supo darle el golpe mortal a un rival muy flojo, que se fue creciendo conforme se desinflaban los nuestros. En una llegada, marcaron, y ahí se acabó todo. Podríamos hablar del árbitro novicio y de sus errores, o del infame Oscar, que con su gesto nos da un motivo más para desear verle la cara el día en que el Valladolid descienda, pero la realidad es que el Real Zaragoza se mostró impotente durante toda la segunda parte, para reajustar el marcador.

Hay problemas en todas las líneas: la defensa no se puede permitir ciertos errores, y faltan esquemas de ataque. De los nuevos, no desagradaron Montañés, Alvaro y José Mari, pero hay mucho que cocinar. Ardua tarea le queda por delante a Jiménez, enfrentarse ya desde tan pronto a los viejos fantasmas de las derrotas en casa, a las tardes-noches de asco y esterilidad, que parecen conducir a ese padecimiento sostenido, que tuvimos el año pasado y el anterior, y tras el que se logró, en el último aliento, esquivar el temido final. Y es que en Zaragoza hace tiempo ya que aprendimos a convivir con los designios apocalípticos.

Por Ron Peter

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