Un cabrón simpático | La Lupa

Un cabrón simpático | La Lupa

Real Zaragoza 1 – 1 Córdoba CF

John Benjamín Toshack ha sido un verdadero trotamundos del fútbol, no tanto como futbolista, puesto que jugó en los dos equipos de su Galés natal, Cardiff City y Swansea, y en el Liverpool, pero sí como entrenador, donde ha ejercido como tal en bastantes países, incluido España, con sus presencias en la Real Sociedad, Real Madrid, Deportivo de la Coruña y Real Murcia. Toshack se calificó a si mismo como “un cabrón simpático” y se hizo célebre por sus frases ingeniosas. Para este artículo me quedo con una de ellas, realmente original, y que para este artículo viene como anillo al dedo: “Tras perder el domingo, los lunes siempre pienso en cambiar a diez jugadores, los martes a siete u ocho, los jueves a cuatro, el viernes a dos, y el sábado ya pienso que tienen que jugar los mismos cabrones”.

Este ingenio de Toshack puede definir la decisión de Luis Milla de alinear a los mismos once jugadores que hicieron el ridículo en Soria. Los aficionados que nos encontrábamos en La Romareda no entendíamos esa repetición, y nuestra incomprensión se acentúo con el transcurso de la primera parte, en la que el Córdoba se situó muchísimo mejor en el césped, con presión adelantada, con Luso Delgado mandando en la medula y Juli moviéndose a sus anchas por los tres cuartos, buscando la banda del pésimo Isaac para romper la defensa zaragocista. Mientras nuestro equipo deambulaba sin sentido ni rumbo, con un centro de campo lastrado por la ineficacia de Ros, e incapaces de lograr una combinación plausible con los puntas, con Ángel exiliado a la banda y sólo la seguridad del centro de la defensa impedía que los andaluces creasen auténtico peligro. Un penalti riguroso puso en franquicia al Córdoba pero afortunadamente Cabrera, en un corner bien ensayado, dejó las tablas en el marcador. El empate era la mejor noticia de un mal partido.

En la reanudación, y tras el habitual e incomprensible cambio de lateral derecho, las prestaciones del equipo mejoraron sensiblemente. Fran mejoró a Isaac (aunque eso es fácil), Zapater y Morán cogieron las riendas con decisión, Lanzarote comenzó a ejercer su magia en la banda y Muñoz y Ángel se movieron fluidamente por la vanguardia, ocasionando muchos problemas a los centrales del rival. Se sucedieron las oportunidades que desgraciadamente no se pudieron concretar. Cuando faltaban más de quince minutos, en otra decisión errónea, Milla sustituye a Muñoz por Edu García, lo que dio vida al Córdoba puesto que el equipo zaragocista bajó la línea de presión al mediocampo y se finiquitó el dominio del partido.

El Real Zaragoza mereció mejor resultado por su segunda parte, pero no debemos olvidar que la primera parte fue otro esperpento futbolístico, que se añade a los que estamos sufriendo desde la derrota en Valencia. Este equipo adolece de sistema, no se conoce todavía si la pretensión inicial de juego combinativo no se realiza porque Milla ha cambiado de idea o que los mimbres no son los correctos. En todo caso esta falta de concreción se acrecienta con la cerrazón de Milla en contar con jugadores faltos de forma o de nivel, como Ros o Isaac y situar a otros en zonas que son ajenas a sus virtudes, como Ángel. Los partidos se sostienen por la intensidad de los centrales, el trabajo ímprobo de Zapater y, por supuesto, por la genialidad de Manu Lanzarote. Pero no se adivina un equipo trabajado, que ocupe gradualmente y con intención los espacios del campo, y cuando se coge una línea recta en el césped, como en la segunda parte de este partido, Milla se encarga de torcerla.

Si se quiere ascender realmente las decisiones firmes hay que tomarlas cuanto antes mejor. Y acertar, algo que hasta ahora no parece que sea patrimonio de Julià.

Por Jeremy North.

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