Como decíamos ayer | La Lupa

Como decíamos ayer | La Lupa

Real Zaragoza 0 – 2 UD Almería

Extremadura UD 1 – 2 Real Zaragoza

Decíamos ayer”, («Dicebamus hesterna die») es una frase atribuida a Fray Luis de León en su regreso a la cátedra de teología escolástica de la Universidad de Salamanca en 1576, después de cuatro años de proceso inquisitorial y de estancia en prisión. Volvía a las aulas, y al retomar su actividad magistral, incardinaba la lección del día con aquella última que fuese la que hubiese impartido el último día antes de su obligado abandono del estrado. Realmente no está demostrado que la anécdota sea auténtica, y de hecho, se atribuye también a Unamuno en su retorno como rector a la misma Universidad en 1936. O incluso a San Juan de la Cruz, aunque esto último solo los ignorantes lo sostienen.

Sea como fuere, la frase ha pasado a la posteridad como elogio de la continuidad en el deber, todo un alegato deontológico que expresa el deseo de seguir en la lucha o en la obligación, superando las adversidades, por muy costosas que las consecuencias de estas supusieren, y no solo con convicción sino con el atrevimiento de quien se permite ignorar el abismo. “Como decíamos ayer…”, como si entre aquel ayer y este hoy, nada hubiera sucedido.

Después de tres meses de parálisis, volvía la liga y con ella nuestro Real Zaragoza con los objetivos que quedaron por cumplir, teniendo que recuperar la condición física de los jugadores y la conjunción como equipo. Se abría un tramo desconocido para todos. Y tras jugar los dos primeros partidos contra Alcorcón y Lugo, con victoria y derrota, quedaba titulada la lupa por el compañero Kicooper como “Caer y levantarse”. Pues bien, transcurridos los dos siguientes partidos, contra Almería y Extremadura, no podría ser más similar el balance, y “como decíamos ayer”, (aunque este “ayer” esté más cercano) una nueva derrota para caer, y una nueva victoria para levantarse.

Es difícil establecer un análisis siendo todo tan vertiginoso. Cada partido es un mundo y no se perciben tendencias. Tras salvar los muebles contra el Lugo, el Real Zaragoza se enfrentaba a un rival directo en un partido de extrema importancia, y no se supo manejar. Se empezó con una marcha menos, sin ritmo, sin velocidad. El Almería en cambio empezó en tromba. Llegó dos veces con peligro hasta la portería de Cristián, y a la tercera Appiah, con gran velocidad, desbordó a nuestro lateral y empalmó un tiro a las redes. Tras el gol se dedicaron a reservar y a aguardar nuevas oportunidades a la contra. Los blanquillos, a pesar de aumentar la presión, no pudieron ya empatar. Un exceso de mediapuntas inoperantes, un Suarez extraño y una defensa dubitativa fueron factores en contra. Todo podría haber cambiado con la expulsión de Maras tras la agresión a Atienza, o un penalti no pitado sobre Delmás. Como diría Augusto Monterroso:, “cuando despertó, el error arbitral todavía estaba allí”.

Lo que se perdió el día del Almería es duro de evaluar. Se podría haber logrado una brecha de seguridad casi insalvable para los perseguidores, pero no fue así. Tocaba levantarse porque el Extremadura aguardaba este martes. Otra vez victoria o hundimiento. Víctor Fernández resurgió de su apagón y sacó nuevos conejos de la chistera con la titularidad del centrocampista colombiano Daniel “la grúa” Torres, y con un Soro más asistente de Suarez. Volvían también Cristián, y Kagawa quedaba en el banquillo. Sin embargo, no varió el ritmo cansino de inicio, similar al de días anteriores, y eso tuvo su castigo. Antes del minuto 9, Alex Alegría ya nos había cabeceado a gol, en medio de Atienza y Yamiq. Otro cuadro. Volvían los sudores fríos.

Quedaba mucho tiempo, y el Real Zaragoza, lejos de descomponerse, se acomodó en el campo y empezó a crecer. El Extremadura, uno de los pocos equipos que en esta segunda división ofrece una propuesta de juego no ramplón, peca también de ingenuidad y falta de espesor en su cobertura defensiva. En un minuto de oro, de esos que la suerte tiene a bien regalar muy de tarde en tarde, un trallazo que podría haber supuesto el dos a cero, se convirtió en la jugada siguiente, merced a un manso tiro de Guti, en el empate.

A partir de ese momento, el partido se puso de cara. Los rivales se disolvían entre la impotencia y el frenesí. De repente, un amigo que da un buen centro, y otro que mete un gol cien días después. Una magnífica noticia que Luis Suarez haya recuperado el olfato goleador. Surgió también la figura ascendiente de Torres, que estaba en todas. Perro viejo y fajador, parsimonioso de apariencia, contundente de facto. Cumplió su papel y vino a demostrar que en la plantilla hay un recurso más.

Una victoria que supone un alivio y que subsana en parte el zancocho anterior, mientras los rivales en la zona alta son incapaces de poner la directa. Nadie destaca y estamos como hace cuatro partidos, a cinco puntos del tercero. El objetivo sigue ahí, a tiro piedra pero de piedra pesada. En el horizonte una nueva oportunidad para la redención, contra la S.D.Huesca, que vendrá a darlo todo pues todo se juega. Un nuevo e impostergable compromiso para estar a la altura.

Por Ron Peter

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