Comienza la cuenta atrás

Pasados los tragos amargos del descenso, el Real Zaragoza se enfrenta a una nueva temporada en la que solamente hay una meta: regresar a la división de honor, ese lugar de donde nunca tenía que haber salido y donde por historia debería estar siempre. Eso sí, en el fútbol moderno nadie entiende de prestigios y abolengos, y solamente con el nombre no se gana ni un partido.

He de admitir que, aunque ya la he vivido tres veces más, no me acostumbro al nuevo status; contemplar al Real Zaragoza ubicado al margen de los grandes, arrinconado entre los conjuntos que no importan tanto en el mediático fútbol de nuestro país, necesitado de ofrecer incentivos especiales y promesas sobredimensionadas para convencer a los jugadores cuyo fichaje se ansía, son situaciones que me deprimen.

Pero junto a ello, hay que reconocer que todo buen forofo siempre acaba sacando fuerzas de flaqueza y ante cada inicio de temporada es capaz de recuperar el interés por seguir a su equipo, por estar al día de las novedades de su plantilla, por comprobar cual es la imagen del equipo en esos primeros bolos veraniegos que se repiten ya cada día por todo el territorio nacional y parte del extranjero.

En mi opinión, en el actual Real Zaragoza que se prepara para luchar por el ascenso la esperanza tiene un nombre: Marcelino García Toral. Si al terminar la temporada anterior –una auténtica pesadilla- me hubieran preguntado qué entrenador me gustaría para mi equipo, no hubiera tenido ninguna duda en elegir al asturiano: un hombre serio, trabajador, eficaz y que en todos los equipos donde ha militado ha acabado cumpliendo con su cometido. Las impresiones tras estas primeras semanas de trabajo, desde la distancia y sin estar “en el ajo”, son magníficas. Marcelino sabe hacer equipo y trabajar con seriedad; son llamativas las manifestaciones de Javier Paredes hace un par de días, cuando se refería a la tremenda intensidad de los entrenamientos de Marcelino, en los que acababan exhaustos; qué diferencia con la tibieza de los que se realizaban la pretemporada anterior, y es que hoy en día, mucho más importante que la pizarra y los cromos –el famoso rombo, la mayor capacidad ofensiva de los laterales, el doble o único pivote y otras diatribas- lo importante es entrenar bien e intensamente cada día.

Pero si el mister me mueve a la confianza, la actuación de los dirigentes blanquillos me produce con demasiada frecuencia un notable desasosiego. Veo demasiadas decisiones precipitadas, parece que a Agapito Iglesias, Eduardo Bandrés y compañía les está pudiendo la ansiedad, dando la impresión que actúan de manera errática y poco meditada. Solamente así se puede entender el inoportuno veto a El Periódico de Aragón o el modo de tratar las posibles entradas y salidas de algunos jugadores.

La desastrosa trayectoria de la temporada anterior pesa como una losa en el ánimo de los aficionados a la hora de plantearse qué rendimiento pueden ofrecer los jugadores en la temporada que empezará en un mes. Yo, a priori, soy optimista: ya he manifestado mi confianza absoluta en Marcelino, y en consecuencia entiendo que sabrá sacar partido a una plantilla que, al menos teóricamente, tiene una calidad superior al resto de los equipos que componen la división de plata. Aunque el equipo aún no está construido del todo, hay mimbres para cumplir con el objetivo.

En la nómina falta un portero; a César Sánchez ya no se le quiere, algo que me duele pues entiendo que es un puesto para el que servían los que había, además de que César ha cumplido con creces su tarea en los tres años que ha defendido el portal zaragocista. Está el club obcecado en traer a Sergio Asenjo, la gran promesa española en dicho puesto, pero el asunto está casi imposible. A todos nos preocupa la defensa, dado que el año pasado fue un agujero imponente; Ayala debería ser el líder de la retaguardia, aunque su enorme ficha aconsejaría una venta que hoy por hoy es muy difícil. A mí me gusta Sergio Fernández, aunque son preocupantes tanto su fragilidad con las lesiones como su lentitud en el campo; pienso que Pavón no puede ser tan malo como pareció en las pocas ocasiones en que jugó el año pasado y que Pablo Amo, si viene, puede hacer un papel muy digno en segunda, aunque no sea un fichaje de futuro. Para los laterales, Paredes me parece una garantía en la izquierda, mientras para la derecha, si Cuartero está recuperado de dos lesiones gravísimas seguidas, su experiencia y zaragocismo deben ser suficientes. Sería además el momento de confiar por una vez en la cantera dejando definitivamente en la primera plantilla a Adrián Ripa.

El centro del campo tiene efectivos de sobra, aunque se echa en falta un jugador con criterio en la distribución de balón. Zapater, Generelo y Peter Luccin son nombres suficientemente elocuentes como para asegurar solvencia plena, a los que habrá que añadir la contribución de Antonio Hidalgo, quien viene de subir con el Málaga y puede convertirse –salvando las distancias- en el nuevo Gustavo Poyet. A esto habría que añadir el deseo de que Gabi acabe explotando.

La mayor carencia del Zaragoza de los últimos años ha sido la ausencia de hombres de banda; a la vista de la calidad y olfato goleador de los atacantes maños, unos buenos extremos serían fuente de peligro constante; el juego de los equipos que entrena Marcelino aconseja, además, tener buenas piezas en esta parte del campo: no hay más que ver el papel de Santi Cazorla en el Recreativo de hace dos temporadas o el de Jorge López y Oscar Serrano en el Racing europeo de la pasada. Hasta el momento solamente ha venido el luso Fabio Coentrao, una promesa del Benfica que parece tener unas cualidades extraordinarias: regate, rapidez y visión de juego, pero cuyo rendimiento es una auténtica incógnita, pues no se sabe si le puede pesar su bisoñez en una competición tan dura como la segunda española. Los técnicos aspiran a traer al hoy levantinista Juanma, un excelente exterior derecho, pero también lo quieren otros equipos y su llegada se retrasa: sería importantísimo conseguir cerrar su fichaje, al que habría que añadir cuando menos un extremo más, puesto para el que postularía a jugadores como Duda (Sevilla), Pablo Álvarez (Depor) y De las Cuevas (Atlético de Madrid) que me parecen asequibles.

Donde se está produciendo una situación compleja es en la delantera; Marcelino ha dejado bien clara la importancia de conservar a los tres atacantes del año pasado: Diego Milito, Oliveira o Sergio García; asegura que el gol no tiene precio y que con él medio ascenso está conseguido, y no le falta razón. Pero también es cierto que se trata de jugadores con una ficha inasumible en segunda, y que lo más lógico sería su venta. En estos momentos nadie sabe lo que va a pasar con ellos, aunque parece que un hipotético aumento de ficha a Oliveira hace presumir su posible continuidad, mientras que parece que se busca quien pague cantidades suficientes por el argentino y el catalán. Se ha fichado a Braulio, a quien avalan sus 14 goles con el Salamanca hace dos años y se ha repescado a Ewerthon, que parecía desahuciado, pero ha convencido a Marcelino y tiene bastantes números para seguir. Creo que Oliveira, Ewerthon y Braulio formarían un plantel atacante de plenas garantías, pero la directiva está intentando traer al ariete brasileño Nilmar, por el que ofrece 12 millones al Internacional de Porto Alegre, algo que en la actual coyuntura me suena a delirio de grandeza.

Es la hora de la verdad, cuando el balón comience a rodar en partido oficial ya no cabrán teorías ni especulaciones; en las tres anteriores ocasiones en que he visto a mi equipo fuera de su sitio natural ha acabado, con mayores o menores dificultades, consiguiendo su objetivo. Esperemos que ahora también sea así.

Por Falçao.

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