Decepción

Por Mª Pilar Blas Sanz

Madrid. Febrero de 1940.

Madrid se despedía lentamente del invierno. Aún vendrían más días fríos, pero al menos el sol había izado la bandera blanca y había acudido como un aliado para colorear unas camisetas imaginarias sobre los abrigos raídos de Luis y de Manuel, que jugaban a ser Inchausti junto al estanque del Retiro.

-Oye , Luis. ¿sabes que el próximo domingo, juega el Zaragoza aquí contra el Atlético de Aviación?.¿vendrás con nosotros?

-No lo sé. Ya sabes que los domingos voy a ver a mi padre a la cárcel. Además Chamartin está lejos…

-Bah, hombre!, no te excuses. Unos militares que conoce mi padre, le han dado entradas. Iremos en una camioneta que usan sus compañeros del Ministerio, que también son de Zaragoza, para las obras del viaducto. Será como cuando subíamos todos en el tranvía a Torrero.

Ven y así luego podrás contarle a tu padre que ganamos el partido y se pondrá más contento. Y además es que….no podremos llegar andando.

-¿Por qué?

-Mira, se me ha ocurrido algo para animar. El Zaragoza no viene con los titulares y debuta un tal Ontoria. Habrá que animarles. ¿te acuerdas del taller abandonado junto al descampado al que vamos a jugar en verano?. Pues, ve allí el miércoles al salir de la escuela. No faltes.

-Parece una novela de misterio, Manuel. ¿no será peligroso?

-Que no!. Anda, coge la pelota que nos vamos y te lo cuento.
Miércoles. 28 de Febrero.

Necesitaban que hubiera luz antes de que la calle quedase como boca de lobo y el sol hubiera arriado la bandera blanca hasta el día siguiente. Manuel esperaba ansioso.

-Eh! Luis! Aquí!. Venga, venga! Que se hace tarde!. Sígueme.

El descampado donde pasaban las tardes de verano era en realidad el patio trasero de una imprenta que había sido destruida en un bombardeo. Antes había servido también como centro para la fabricación de carteles y propaganda.

Manuel había saltado muchas veces la verja que separaba patio y taller y al que se accedía por una pequeña puerta de madera y cuarterones de cristal. Allí había descubierto un mundo de moldes de letras, de frases y lemas que llamaban a la lucha.

Volvió a pararse extasiado frente a aquel mural a medio acabar. Una escena en la que unos gladiadores se preparaban para el combate:

“Ave César, los que van a morir te saludan”.
Domingo. 3 de marzo de 1940

Luis se levantó temprano para ir a visitar a su padre. Aquel día se sentía culpable porque en la última semana ya no había soñado que su padre iba a verle jugar al Retiro y creía que se lo notaría al mirarle.

Esos días su sueño había sido que agitaba victorioso la bandera del Zaragoza, en un campo de fútbol donde ganadores y perdedores se felicitaban por su deportividad y después de la batalla volvía a casa de la mano de su padre.

Comió rápido y cogió la merienda que su madre les había preparado cuidadosamente: dos trozos de pan blanco con chocolate que había “distraído” del restaurante donde trabajaba. Salió disparado hacia la imprenta. La calle estaba animada. Era tarde de fútbol y de café y partida de cartas en las tabernas. Llegó sin respiración.

– Creía que ya te habrías ido.

-¡Pero hombre! si no puedo con esto yo solo. Ayúdame!

Salieron del taller felices, sujetando cada uno un extremo de un rollo de tela y fueron caminando parsimoniosos hasta la plazuela donde esperaba la camioneta.

-Manuel, hijo! ¿dónde estabais?¿qué…?¿qué llevais ahí?

-Mire padre! Mire!

-Pero….¿de dónde habeis sacado….?Ya me lo explicarás.No quiero líos, eh? No quiero líos, ya lo sabes.

-No le riña , por favor. Ya verá como con esto ganamos.

-Subid a la camioneta los dos!Vamos!.

Llegaron puntuales. Entraron en el campo ceremoniosos, imitando un desfile como aquellos que tantas veces habían visto los últimos años.
Al salir del vomitorio, se situaron a pie de césped y les inundó un olor puro y fresco. No podían creer que estuvieran tan cerca.

-Luis! Estamos muy cerca de los jugadores! Corre, vamos a poner la pancarta que igual nos sacan una fotografía!.

Y entonces respiraron hondo y parsimoniosamente fueron desplegando aquel rollo de tela blanca:

“¡Aupa! el Zaragoza
Los maños te saludan”.

Al día siguiente, el ABC (5 de marzo de 1940) titulaba la crónica del partido: Decepción.

Luis no pudo contar a su padre que ganaron, pero dos meses después cuando el Zaragoza FC apeó al Atlético de Aviación en la Copa del Generalísimo se lo narró con devoción al salir de la cárcel, de camino los dos a casa.

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