No quiero ser un mentedébil

Por Javier Martínez Aznar

Me llamo Acher y ahora tengo 10 años. Pronto haré once. La profe Lorena nos ha dicho que escribamos lo que nos gustaría recordar cuando seamos mayores. Yo he elegido escribir cómo mi familia me ha hecho del Zaragoza. Ellos todavía no están seguros de que ya sea del Zaragoza.

Nací el 10 de mayo de 2007. Mi abuelo y mi tío se pusieron supercontentos ese día. Nací once años después de que el Zaragoza ganara la Recopa de Europa. Ese día, en casa de los yayos, se conoce como San Nayim. Todos los años, en diciembre, el yayo va a la Caja y coge varios calendarios: para su casa, la nuestra, la de mi tío y los de “por si acaso”. La yaya le dice que no coja tantos porque al final los cobrarán, como pasó con las bolsas del super. Antes bajaba a un sitio que se llamaba Sabeco y cogía veinte bolsas “por si acaso”. Ahora todo el mundo las tiene que pagar porque mi abuelo cogía muchas. En la comida de Año Nuevo nos reparte los calendarios corregidos.

Debajo del 10 de mayo hay unas letras que ponen San Amaro o S. Amaro. Están mal, aunque los de la Caja nunca lo cambian. Mi abuelo lo corrige y pone: SAN NAYIM. Con el calendario corregido, volvemos a casa y lo ponemos en la cocina.

Cuando nací, como era el día de San Nayim, mi tío y mi abuelo le pidieron a mi madre que me pusieran de nombre Nayim. Mi madre los mandó “a freír espárragos”. Mi tío insistió y le propuso otros nombres: Fernando, Juan Eduardo, Gustavo, Andoni, Juanmi y así hasta doce más. Pero mi madre no cedió. Menos mal, me gusta mi nombre. A veces mi tío se pone un poco pesado.

Mi tío se piensa que a mí el Zaragoza no me gusta lo suficiente, cree que me gusta algo el Barcelona. No ha tirado la toalla, de pequeño sí que era un poco así. Lo ve más difícil con mi hermano pequeño, el Adrián, del que está convencido que es del Barcelona. Yo sé que no pasa nada. Solo es más pequeño y le gusta ganar. Los mayores se preocupan porque no tenemos cromos del Zaragoza o las botas de fútbol con el nombre de un jugador del Zaragoza. Se les olvida que no existen. A veces, mi tío me pone la cabeza como un bombo. Me habla de Los Cinco Magníficos, tardé en descubrir que no era una peli de superhéroes; de los Zaraguayos, pensaba que eran unos señores de Zaraguay, pero según la enciclopedia no existe ese país, y de otros tantos.

Mi tío me recuerda a la señorita Lorena cuando nos habla de Agustina de Aragón o de El Cid. No tienen mucha idea, ninguno de los dos. Cuando haces preguntas importantísimas sobre ellos, no saben qué decir. Lorena no sabe cómo estaba tan fuerte El Cid si no había complejos vitamínicos, tampoco sabe qué comida llevaba Agustina de Aragón para su marido el día que disparó el cañón y mi tío no tiene ni idea de cuál fue el equipo favorito de Villa, un Magnífico, cuando era niño. Me dijo: “Vino del Madrid, pero nació en Sevilla, así que sería del Sevilla”. ¿Y si era del Betis? No es lo mismo. No tienen mucha idea. Se aprenden cuatro cosas esperando que no preguntemos. A veces pregunto para que me compre algo, piensa que así se me olvida la pregunta. Lo hacen muchos mayores.

Mi tío nos quiere mucho. Incluso más que al Zaragoza. Vivimos en Santa Isabel y él, que vive en San José, viene todas las semanas. Dice que viene porque vivimos en la avenida del Real Zaragoza y le gusta ese nombre. Sabemos que bromea y le decimos que le vamos a cambiar el nombre por avenida de Messi. Hace como que se enfada, pero eso no le enfada. Lo que sí le enfada es cuando vamos al parque del tren y ve a un niño con la camiseta del Madrid o del Barcelona.

Normalmente no le oímos. Pero un día casi sin abrir los labios decía: “Me cagüen sos. Será toli el crío este. Cien pavos que se habrá gastado el idiota del padre: Del género tonto. Ojalá costaran diez mil euros para que no las llevara nadie. Bueno, no; que algún modorro pediría un préstamo. Que le den al padre. Mentedébil.”

Le dije que se llamaba Juan Carlos y que iba a mi cole, a 4ºB del Espartidero: “¿Me habéis oído?”, se sorprendió. Trató de arreglarlo: “Bueno, es verdad, él no tiene la culpa. La culpa la tiene quien se la ha comprado. Al final será un mentedébil, así los llaman en mi barrio. Se acostumbran a lo fácil: a que el árbitro les ayude, a ganar siempre, a tener ventaja y luego la vida no es para nada fácil. De mayores se enfadan y entristecen por cualquier tontada.” Por cierto, dice mi madre que puedo usar las comillas para escribir lo que ha dicho otro. También las palabrotas si son necesarias para el texto. Si no, me ganaré una colleja.

Otros días vamos al campo de fútbol de las piscinas y jugamos los tres. Él nunca ha hecho fútbol y aunque es más mayor puedo regatearlo. Si lo hago, me tira al suelo. Dice que es una falta táctica, que Víctor Fernández le diría que la hiciera. Cuando metemos un gol con solo empujarla nos grita ¡Yordigoooool!, si despejamos un balón con los puños nos dice “Andoni… ¡Cedrún!”, si chupamos mucho nos dice “Pásala Juanele”, si el gol es desde lejos dice “¡Gol de Nayim!” y si mi hermano, que es un piscinero, se tira al suelo le dice “¡Ha sido el seis, penalti y expulsión!”. Si continúa en el suelo se acerca y dice “¡Písalo, písalo!” mientras hace como que lo pisa. Eso sí, si están mi madre o la yaya dice: “¡Peace and love, peace and love!”. Aunque hace el mismo gesto.

Hace años si metíamos un gol decíamos que éramos Messi o que parábamos como Casillas. Mi tío nunca lo dijo. Él se centraba en los del Zaragoza. Ponía tanto énfasis y emoción que los suyos nos gustaron más, nos copiamos el tono de voz y ahora los decimos entonando. Esta temporada hemos visto muchos partidos del Zaragoza. Ahora, cuando vamos a las piscinas, las faltas tácticas se las manda también Natxo González, los paradones también son como los de Cristian Álvarez, metemos goles como “Borja… ¡Iglesias!” y si no pasamos la bola nos dice “Pásala Papu”. Los goles lejanos siguen siendo únicamente de Nayim. Y si el Adrián se tira al suelo seguimos diciendo “¡Ha sido el seis, penalti y expulsión!” y “¡Písalo, písalo!”; si no están la mamá ni la yaya, claro.

El lunes pasado escuché a mi tío y al padre de Juan Carlos hablar en el parque. Nos enteramos de que se llamaba Amaro. Mi tío se sorprendió mucho. Comenzó a llamarlo Nayim después de explicarle lo del calendario. Ahora todo el cole lo llama así. Juan Carlos está encantado porque todos conocen a su padre con el nombre de un futbolista. Su padre más. Resulta que su padre es del Zaragoza, aunque Juan Carlos quería ser del Madrid, por eso pidió la camiseta. Ahora ha pedido una camiseta del Zaragoza con el nombre de Nayim.

Ese mismo día, mi tío le dijo al padre de Juan Carlos:

– Lo único que quieren los niños son dos cosas: que los quieran y que les pongan límites. Necesitan aprender qué se puede hacer y qué no; conocer el marco en el que pueden actuar.

No entendí mucho lo que quería decir, pero sé que me encanta estar con mi tío y que quiero ser del Zaragoza. No quiero ser un mentedébil.

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