Otra Liga que se acaba | La Lupa

Mallorca 3 – 1 Real Zaragoza

El Real Zaragoza cerró su intervención en la liga con un partido en Mallorca. En realidad, su liga había terminado muchas semanas antes. Un equipo que, sin correr peligros, ve como se le terminan todas las aspiraciones de mejora, tiene dos opciones: olvidarse de historias y jugar al fútbol por placer, o sumirse en la apatía y en el dejar correr el tiempo. Salvo el día del Alavés, se eligió este segundo camino, y así fue hasta el final. El último partido de esta liga resultó aburrido, complicado de deglutir, y con poca cosa en la que fijar la atención. Hasta el último momento de su ejercicio como profesional de la casa, el entrenador mantuvo su línea grisacea y contumaz para con sus planteamientos.

Victor Muñoz Manrique ha sido muchas cosas en este Real Zaragoza. Los veteranos recuerdan sin duda ese derroche de facultades físicas que le hizo destacar en este deporte, en nuestro equipo, en el Barcelona, y en la Selección. El paso de los años, que es inmisericorde con la juventud y benévolo con la sabiduría, propició que Victor cambiase el césped por el banquillo. Entrenó a varios equipos antes de recalar de nuevo entre nosotros, en un momento especial, casi hasta crucial, para cumplir el doble objetivo de asegurar la permanencia de un tierno Zaragoza recién ascendido, y de dotar al juego del equipo de una alegría más acorde con los gustos del público de La Romareda. Consiguió ambas cosas, además de un histórico triunfo copero sobre un Real Madrid galáctico, un gigante con pies de merengue, que aún hoy no ha vuelto a ser el mismo.

Con Victor como capataz, el Zaragoza se asentó de nuevo en la categoría, pero igual que llegaron los éxitos, llegó la mediocridad y la decepción. Todos los entrenadores de fútbol, tienen un momento, cumplen un ciclo. El final puede llegar tras una decadencia prolongada, tras una guerra continua con la directiva, con el vestuario o con la grada, o tras un fracaso deportivo puntual. Este último caso fue el de Muñoz. La derrota en la Copa supuso pasar de viajar en el carro de los elegidos por la fortuna, a probar la amarga hiel de los arruinados. Tras aquello, los problemas menores que había, emergieron con entidad propia. No fue un mal entrenador, pero no pudo acabar con los errores defensivos y tampoco supo manejar o interpretar correctamente a los jugadores que tenía entre manos ni transmitirles la motivación de la que carecían en la liga. Entre todos podían haber hecho algo realmente grande, podían haber hecho Historia. Lamentablemente, no fue así.

Una jornada final de liga es un tiempo de mirar al pasado, de reconocer en él los aciertos y los errores y de preguntarse hasta qué punto se consiguió lo que se deseaba, de aprender y de pensar en el futuro. En esta misma sección, “La lupa” en ese último partido del año pasado (contra el Madrid) se decían cosas como esta: “Se cierra el tercer año del proyecto Pardeza. Ha sido un ciclo ascendente que no debería frenarse. La temporada que viene se abre una nueva oportunidad histórica de dar un profundo paso hacia delante. El antaño joven e inexperto equipo alcanza ya su momento ideal de desarrollo futbolístico. La base de la plantilla, aunque corta en cantidad, es buena en calidad y posee una adecuada combinación de juventud y veteranía. Pero es necesario apuntalarlo con tres o cuatro grandes fichajes y para lo demás contar sin titubeos con la cantera, tanto con los que están como con los que vienen empujando. Si se mantiene el bloque, no se cede a las presiones financieras, y se hace un planteamiento correcto y ambicioso, el Zaragoza debe imponerse como objetivo a acabar entre los cuatro primeros.”

Más allá de quienes sean los jugadores o el entrenador, de las tácticas, de los fallos o aciertos puntuales, incluso de los fichajes (que este año han sido acertados) el gran problema de fondo en esta entidad es ese conformismo viscoso que nos inventamos para autojustificarnos y evitar la frustración. Esa ambición, ese empuje que hubo en el club por salir del pozo de la segunda, se ha paralizado. ¿Por qué? ¿Es que no podemos aspirar a algo más? Hace ya tres años que se ascendió y nuestro objetivo no puede ser siempre la permanencia. Los muros siempre estarán ahí y quizás nuestra pértiga sea corta, pero no nos quiten la ilusión por saltar.

Desde aquí, me gustaría envíar un saludo a todos los zaragocistas, así como recordar a aquellos que siempre llevaron muy dentro el escudo del león y que este año nos dejaron. Hasta siempre, amigos.

Por Ron Peter

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